miércoles, 22 de agosto de 2012

Decirse adiós


Dice un sabio bolero que se vive solamente una vez y que hay que aprender a querer y a vivir. Pero a lo que hay que aprender, a lo que no aprende nadie, es a decir adiós.
 
Amanece un día en el que adviertes que algo importante ha cambiado en su manera de mirarte, que ya no te ve y comprendes que has dejado de gustarle. Todavía resta el tiempo de que él se dé cuenta.
Amanece el día en que todo es aviso de que te va a dejar: apenas te dirige la palabra, se retira cuando te acercas, busca exclusivamente la compañía de sus amigos, no te sonríe como antes. Sabes que va a ocurrir más pronto que tarde, lo puedes respirar. Aunque puede que aún no haya tomado la decisión. Pero se puede anticipar lo que va a ocurrir estando atenta a las señales. Me atreví a preguntárselo cuando comprendí que todos sus amigos buscaban estar solos con sus novias, con una excepción: ¿ya no me quieres? Él no supo improvisar una respuesta convincente para lo que más que una pregunta era una autoafirmación. Cierto que no debe hacerse el amor cuando el amor duele tanto y nos hiere. Te vuelves realmente vulnerable casi a cada gesto. Una última vez en la que uno pierde lo que ya no vuelve a recuperar.
Esta es la mañana siguiente que se recuerda con mayor tristeza y con una huella profunda que no se borra y que lo empaña todo. Si sabes que lo sé, por qué me haces daño o por qué permites que me lo haga.
Amanece el día que uno lleva aguardando y en el que te anuncian que todo se acaba y por qué. No sé cómo reuní el valor suficiente para escuchar sus motivos y no salir corriendo. A decir verdad, sí lo sé. En un momento dado, una vez había comprendido que no había vuelta atrás, decidí comportarme como una amiga a la que se le cuenta que se ha llegado al límite, al mar de dudas. Lo miraba con ojos nuevos, como si no lo conociera o, sobre todo, como si no la conociera a ella, a la novia que estaba dejando después de más de dos años. Empezó a dudar de que estuviera haciendo lo correcto. Me preguntó: ¿por qué no te comportas siempre así, como en este momento?
Lo dejamos en suspenso. Tómate el tiempo que necesites. Cuando lo hayas decidido, llámame.
Pero no me llamó. Iba a tomarse un tiempo en decidir lo que yo sabía que venía decidido a hacer esa misma tarde y noche.
El tiempo de espera es insoportable, el peor. Cada noche, cada día, cada hora es la confirmación de que no va a volver, de que hoy tampoco va a llamar. Uno no se acostumbra por mucho que ponga de su parte. Uno quiere cerrar y dar por concluido el capítulo. Hay una cierta resistencia a aceptarlo, pero no hay ensoñaciones. Yo sabía que no volvería y, aunque hubiese vuelto, sabía que se iría igualmente.
Lo que no sabía es si yo sería capaz de resistir su ausencia sin hacer nada, de alejarme sin causarle distracciones en su olvido. Es duro soportar la espera sin dar ninguna señal.

Amanece el día que todo salta por los aires, el día inoportuno porque estás preparando un examen, estás en vísperas de cerrar el curso y de los próximos quince días depende el resultado de tus calificaciones.
Viene para contarte lo que tú ya sabes, con un discurso medido, preparado para la ocasión.
Uno recuerda que él está esperando de nuevo a la amiga y la recupera. Pero la amiga no sabe si va a resistir que le cuenten detalles de lo que él ha vivido este último mes y medio, los argumentos de por qué ya no se la quiere.
Despedirse en poco más de una hora es muy injusto.
En algún sitio leí que en el abrazo del reencuentro uno ya sabe lo que le espera. Hubiera bastado con eso.
Por increíble que parezca yo había quedado para una tutoría con mi profesor de latín y tuve que presentarme en su despacho, casi sin poder andar ni hablar.
Él me dejó con su coche junto a la antigua Fábrica de tabacos y sólo tuve tiempo de entrar en el cuarto de baño para lavarme la cara y mirarme al espejo. Resiste.
El profesor Solís de los Santos tuvo que notar que me pasaba algo grave pero no hablamos de ello. Nos concentramos en el objetivo. Ya había llegado hasta allí. Desde tan lejos.

Los días siguientes tuve que quedarme en casa de mis compañeros para obligarme a estudiar. Lo peor ya había pasado. Las preguntas en casa que no puedes contestar: ¿Por qué no llama? ¿Por qué no viene a recogerte? ¿qué os ha pasado?

Cierto que nadie nos enseña cómo despedirnos. Pero lo peor no es desconocer cómo decirse adiós. Mucho más difícil es cómo levantarse de las ruinas, cómo restituir la autoestima, cómo recuperar la confianza, la normalidad, la calma. En ese camino estamos solos porque uno tiene que reconciliarse consigo mismo. Yo, al menos, me sentía plenamente responsable del fracaso. Seguía estando enamorada y tenía que repetirme hasta la saciedad: ya no te quiere para acabar de creérmelo.
Durante mucho tiempo yo me seguía viendo a través de sus ojos. No sentía lástima ni autocompasión sino una tremenda inseguridad y cierta vergüenza. No me sentía capaz de gustarle a nadie, sólo se me destacaban mis defectos, mis debilidades, mis errores y faltas.
Recordaba y atesoraba sus reproches como en una cámara de eco. No tenía fuerzas para rebelarme contra eso, contra el daño que me autoinflingía.

Pero amanece el día en que ya sabes que has sido más fuerte que tus ganas de llamarle y te sientes orgullosa de no haber provocado ningún encuentro inútil, de no haberle molestado en su camino al olvido.
El día que supe que estaba a salvo estaba con mi padre, en su furgoneta. Me había acercado a la Facultad y nos despedimos frente al cuartel de Avión Cuatro Vientos.
Seguro que mi padre lo conoció antes que yo por el retrovisor pero no dijo nada.
Me despedí de mi padre con un beso y bajé del coche.
Allí estaba él, haciéndome un gesto con la mano.
Le devolví el saludo a cierta distancia y me volví para ver cómo mi padre se reincorporaba a su carril y se alejaba camino del trabajo.
Me dirigí al paso de cebra y crucé la avenida cuando el semáforo se puso en verde.
Me esperaban las clases.
No volví sobre mis pasos, sobre todo, por mí pero también quise demostrárselo a mi padre.



Y cuando cruce una calle será como Ulises abandonando sigilosamente la isla de la ninfa Calypso para arrojarse de nuevo a la incertidumbre del mar. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Dar tanto por casi siempre tan poco


"Ninguna luz más brillante que la de Eva Harrington ¡Eva...! Déjenme que les hable de Eva. Yo les contaré todo sobre Eva..."

-Queda por saber cómo ha sacado la gasolina del vehículo la mujer del director teatral (Karen Richards)
-No puedo creer que me hagas esa pregunta. Voy a anotarla.

Ayer por la noche vimos All about Eve en versión original. Me he perdido la comprensión de algunos diálogos pero la he disfrutado mucho con estas otras voces.
La actriz en el escenario y la actriz fuera del escenario. La mujer que antepone su vida personal a la profesional y la mujer cuya ambición no tiene medida. La confiada y la mosquita muerta. La vulnerable que tiene sus debilidades y se muestra insegura frente a la que no tiene escrúpulos ni ofrece muestras de debilidad. Las armas de mujer en la madurez y la juventud. La persona de confianza que sospecha desde el primer momento que detrás de la admiración se esconde gato encerrado, la inocente amiga que resulta ser más afín a los intereses de una desconocida, la conspiración de los amigos, el amor en suspenso, los celos ¿fundados o infundados?, la persona y el personaje, el teatro y sus máscaras.

La película está basada en la experiencia vivida por la actriz Elisabeth Bergner cuando interpretaba la obra "The Two Mrs. Carrolls" entre 1943 y 1944, y que contó a la autora Mary Orr. En esa época, Bergner conoció a una joven admiradora a la que dio empleo como asistenta y que, más tarde, intentó destruir su carrera. Orr cambió ligeramente la historia, permitiendo que al final la admiradora le robara el papel protagonista a la actriz.


- Así que se va a Hollywood.
- ¿Por qué?
- Sólo me lo preguntaba.
- ¿Te preguntabas qué?
- ¿Por qué?
- ¿Por qué, qué?
- ¿Por qué tiene que irse allí?
- No es que deba, es que quiero.
- ¿Es por el dinero?
- El 80% se me irá en impuestos.
- Entonces, ¿por qué? Cuando es el director joven con más éxito del teatro.
- El teatro, ¡el teatro! ¿Dónde pone que el teatro exista sólo en unos feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York? ¿O de Londres, París o Viena? Escucha, jovencita, y aprende. ¿Quieres saber que es el teatro? Un circo de pulgas. También es ópera y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales, guiñol, un hombre orquesta: todo es teatro. Donde haya magia, fantasía y público, hay teatro. El Pato Donald, Ibsen y el Llanero Solitario. Sarah Bernhardt y Poodles Hanneford, Lunt y Fontanne, Betty Grable. Rex el caballo salvaje, Eleonora Duse: todo es teatro. No los entiendes a todos. No te gustan todos. ¿Por qué iba a ser así? El teatro es para cualquiera, incluida tú, pero no en exclusiva. Así que no lo apruebes ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero, en algún sitio, para alguien lo es.
- Sólo he hecho una sencilla pregunta.
- Y yo me he disparado. Nada personal, jovencita. Es sólo que hay tanta tontería en este camerino de marfil al que llaman teatro que a veces se me atraganta.
- Pero Hollywood… No debe quedarse allí.
- No es más que una película.
- Muy pocos vuelven.
- …
- Leo a George Jean Nathan todas las semanas.
- También a Addison Hewitt.
- Todos los días.
- No hacía falta que me lo dijeras.



Margo Channing: Bill's thirty-two. He looks thirty-two. He looked it five years ago, he'll look it twenty years from now. I hate men.

Margo Channing: Funny business, a woman's career - the things you drop on your way up the ladder so you can move faster. You forget you'll need them again when you get back to being a woman. That's one career all females have in common, whether we like it or not: being a woman. Sooner or later, we've got to work at it, no matter how many other careers we've had or wanted. And in the last analysis, nothing's any good unless you can look up just before dinner or turn around in bed, and there he is. Without that, you're not a woman. You're something with a French provincial office or a book full of clippings, but you're not a woman. Slow curtain, the end.

Antes que ser actriz, hay que ser persona. ¿Qué hay detrás de la actriz Margo? 
Magnífico diálogo. Eve encuentra la horma de su zapato. Hasta aquí ella pensaba que también le estaba utilizando a él. A partir de este momento se dará cuenta de que su carrera está en sus manos. ¿Ha merecido la pena llegar hasta aquí?
Addison DeWitt: What do you take me for?
Eve Harrington
: I don't know that I'd take you for anything.Addison DeWitt: Is it possible, even conceivable, that you've confused me with that gang of backward children you play tricks on, that you have the same contempt for me as you have for them?Eve Harrington: I'm sure you mean something by that, Addison, but I don't know what?Addison DeWitt: Look closely, Eve. It's time you did. I am Addison DeWitt. I am nobody's fool, least of all yours.Eve Harrington: I never intended you to be.Addison DeWitt: Yes you did, and you still do.Eve Harrington: I still don't know what you're getting at, but right now I want to take my nap. It's important...Addison DeWitt: It's important right now that we talk, killer to killer.Eve Harrington: Champion to champion.Addison DeWitt: Not with me, you're no champion. You're stepping way up in class.Eve HarringtonAddison, will you please say what you have to say, plainly and distinctly, and then get out, so I can take my nap?Addison DeWitt: Very well - plainly and distinctly - though I consider it unnecessary because you know as well as I do what I'm going to say: Lloyd may leave Karen, but he will not leave Karen for you.Eve Harrington: What do you mean by that?Addison DeWitt: More plainly and more distinctly: I have not come to New Haven to see the play, discuss your dreams, or pull the ivy from the walls of Yale. I have come here to tell you that you will not marry Lloyd, or anyone else for that matter, because I will not permit it.Eve Harrington: What have you got to do with it?Addison DeWitt: Everything, because after tonight, you will belong to me.Eve Harrington: Belong? To you? I can't believe my ears!Addison DeWitt: What a dull cliché.Eve Harrington: Belong to you - why, that sounds medieval, something out of an old melodrama!Addison DeWitt: So does the history of the world for the past twenty years. I don't enjoy putting it as bluntly as this. Frankly, I'd hoped that somehow you would have known, that you would have taken it for granted that you and I...Eve Harrington: Taken it for granted that you and I...
[laughs]
Addison DeWitt: [slaps her] Now, remember, as long as you live, never to laugh at me - at anything or anyone else, but never at me.Eve Harrington: [walks to the door and opens it] Get out!Addison DeWitt: You're too short for that gesture. Besides, it went out with Mrs. Fiske.

Bill Sampson: Have you no human consideration?
Margo Channing: Show me a human, and I might have!

Addison DeWitt: While you wait you can read my column. It'll make minutes fly like hours.

Bill Sampson: We have to go to City Hall for the marriage license and blood test.Margo Channing: I'd marry you if it turned out you had no blood at all.
Addison DeWitt: That I should want you at all suddenly strikes me as the height of improbability. But that in itself is probably the reason: You're an improbable person, Eve, and so am I. We have that in common. Also our contempt for humanity and inability to love and be loved, insatiable ambition, and talent. We deserve each other.


Margo Channing: Nice speech, Eve. But I wouldn't worry too much about your heart. You can always put that award where your heart ought to be.
[Bill is saying goodbye to Birdie as he departs for Hollywood]Bill Sampson: What should I tell Tyrone Power for you?Birdie: Just give him my phone number; I'll tell him myself.
Lloyd Richards: I shall never understand the weird process by which a body with a voice suddenly fancies itself as a mind. Just when exactly does an actress decide they're HER words she's speaking and HER thoughts she's expressing?Margo Channing: Usually at the point where she has to rewrite and rethink them, to keep the audience from leaving the theatre!

Lloyd Richards: There comes a time that a piano realizes that it has not written a concerto.Margo Channing: And you, I take it, are the Paderewski who plays his concerto on me, the piano?
Margo Channing: I'm a junkyard.

Margo Channing: So many people know me. I wish I did. I wish someone would tell me about me.Karen Richards: You're Margo, just Margo.Margo Channing: And what is that, besides something spelled out in light bulbs, I mean - besides something called a temperament, which consists mostly of swooping about on a broomstick and screaming at the top of my voice? Infants behave the way I do, you know. They carry on and misbehave - they'd get drunk if they knew how - when they can't have what they want, when they feel unwanted or insecure or unloved.
Karen Richards: Where were we going that night, Lloyd and I? Funny, the things you remember and the things you don't.
Addison DeWitt: You could sleep now, couldn't you?Eve Harrington: Why not?Addison DeWitt: The mark of a true killer: Sleep tight, rest easy, and come out fighting.

Eve Harrington: I won't play tonight. I couldn't, not possibly. I couldn't go on.Addison DeWitt: Couldn't go on? You'll give the performance of your life.

Bill Sampson: You have every reason for happiness.Margo Channing: Except happiness!
Bill Sampson: You know, there isn't a playwright in the world who could make me believe this would happen between two adult people. Goodbye, Margo.Margo Channing: Bill? Where are you going? To find Eve?Bill Sampson: That suddenly makes the whole thing believable.

Margo Channing: Birdie, you don't like Eve, do you?Birdie: You looking for an answer or an argument?Margo Channing: An answer.Birdie: No.Margo Channing: Why not?Birdie: Now you want an argument.

Margo Channing: Lloyd, honey, be a playwright with guts. Write me one about a nice normal woman who just shoots her husband.
Eve Harrington: I'll never forget this night as long as I live, and I'll never forget you for making it possible.
Margo Channing: As it happens, there are particular aspects of my life to which I would like to maintain sole and exclusive rights and privileges.Bill Sampson: For instance what?Margo Channing: For instance: you!
Lloyd Richards: You knew when you came in that the audition was over, that Eve was your understudy, playing that childish little game of cat and mouse.Margo Channing: Not mouse, never mouse. If anything *rat*!


Addison DeWitt: [voiceover] The minor awards, as you can see, have already been presented. Minor awards are for such as the writer and director, since their function is merely to construct a tower so that the world can applaud a light which flashes on top of it. And no brighter light has ever dazzled the eye than Eve Harrington.
Margo Channing: She thinks only of me, doesn't she?Birdie: Well, let's say she thinks only about you, anyway.Margo Channing: How do you mean that?Birdie: I'll tell you how: like... like she's studying you, like you was a play or a book or a set of blueprints - how you walk, talk, eat, think, sleep...Margo Channing: I'm sure that's very flattering, Birdie. I'm sure there's nothing wrong with it.
Bill Sampson: We started talking - she wanted to know about Hollywood. She seemed so interested.Margo Channing: She's a girl of so many interests.Bill Sampson: Pretty rare quality these days.Margo Channing: A girl of so many rare qualities.Bill Sampson: So she seems.Margo Channing: So you've pointed out so often! So many qualities so often - her loyalty, efficiency, devotion, warmth, and affection, and so young! So young and so fair!
Bill Sampson: This is my cue to take you in my arms and reassure you. But I'm not going to - I'm too mad.Margo Channing: Guilty!Bill Sampson: Mad! Darling, there are certain characteristics for which you are famous, on stage and off. I love you for some of them, in spite of others. I haven't let those become too important. They're part of your equipment for getting along in what is laughingly called our environment. You have to keep your teeth sharp - all right - but I will not have you sharpen them on me, or on Eve!Margo Channing: What about her teeth? What about her fangs?Bill Sampson: She hasn't cut them yet, and you know it! So when you start judging an idealistic, dreamy-eyed kid by the barroom Benzedrine standards of this megalomaniac society, I won't have it! Eve Harrington has never, by word, look, thought, or suggestion indicated anything to me but her adoration for you and her happiness at our being in love. And to intimate anything else doesn't spell jealousy to me - it spells a paranoiac insecurity that you should be ashamed of!Margo Channing: Cut! Print it! What happens in the next reel? Do I get dragged off screaming to the snake pits?

Margo Channing: Margo Channing is ageless - spoken like a press agent.Lloyd Richards: I know what I'm talking about. After all, they're my plays.Margo Channing: Spoken like an author. Lloyd, I'm not twenty-ish, I'm not thirty-ish. Three months ago I was forty years old. Forty. Four O. That slipped out. I hadn't quite made up my mind to admit it. Now I suddenly feel as if I've taken all my clothes off.
Karen Richards: A part in a play. You'd do all that just for a part in a play?Eve Harrington: I'd do much more for a part that good.
Addison DeWitt: And what's your name?Phoebe: Phoebe.Addison DeWitt: Phoebe?Phoebe: I call myself Phoebe.Addison DeWitt: And why not? Tell me, Phoebe, do you want someday to have an award like that of your own?Phoebe: More than anything else in the world.Addison DeWitt: Then you must ask Miss Harrington how to get one. Miss Harrington knows all about it.
Bill Sampson: Looks like I'm going to have a very fancy party...Margo Channing: I thought you were going to be late.Bill Sampson: When I'm guest of honor?Margo Channing: I had no idea you were even here.Bill Sampson: I ran into Eve on my way upstairs; she told me you were dressing.Margo Channing: That never stopped you before.Bill Sampson: Well, we started talking, she wanted to know all about Hollywood, she seemed so interested...Margo Channing: She's a girl of so many interests.Bill Sampson: It's a pretty rare quality these days.Margo Channing: She's a girl of so many rare qualities.Bill Sampson: So she seems.Margo Channing: So you've pointed out, so often. So many qualities, so often. Her loyalty, efficiency, devotion, warmth, affection - and so young. So young and so fair...


Margo Channing: Bill's welcome home birthday party might go down in history. Even before the party started, I could smell disaster in the air. I knew it, I sensed it, even as I finished dressing for the blasted party.


Birdie: I haven't got a union. I'm slave labor.Margo Channing: Well?Birdie: But the wardrobe women have got one, and next to a tenor, a wardrobe woman is the touchiest thing in show business.
Addison DeWitt: Eres una persona inverosímil Eva, y yo también. Eso tenemos en común. Junto con el desprecio por la humanidad, incapacidad para amar y ser amados, e insaciable ambición y talento...
El éxito es sólo de las personas despiadadas que saben escalar las montañas de muertos que van dejando atrás.

Margo Channing:-Hay ciertos aspectos particulares de mi vida sobre los que quiero mantener únicos y exclusivos derechos y privilegios.

Bill Sampson:-Por ejemplo ¿qué?

Margo Channing:-Por ejemplo TÚ.

Lloyd Richards: -Nunca podré entender el mágico proceso por el que un cuerpo que tiene voz llega a creer que tiene también cerebro, el momento exacto en que una actriz cree que son suyas las palabras que dice y los pensamientos que expresa.

Margo Channing: -Ocurre cuando la actriz tiene que modificar esas palabras y esos pensamientos para que el público no se vaya del teatro...

Lloyd Richards: -¡Ya es hora de que el piano se dé cuenta de que no ha escrito él el concierto!

Margo Channing: Curiosa ésta vida nuestra... Las cosas que dejas caer en la escalera para subir más deprisa, olvidando que se necesitan cuando estás arriba...

Margo Channing: Todos me conocen a mí, todo el mundo, yo en cambio no he conseguido conocerme todavía. Soy "Margo"... eso "Margo"... ¿Y eso qué es? Aparte de una palabra en un letrero luminoso, aparte de algo llamado temperamento; que consiste en desmelenarse como una furia y gritar hasta el límite de su voz. Los niños también se comportan igual que yo, se tiran por el suelo y patalean, se emborracharían si pudieran cuando no consiguen lo que quieren, cuando se sienten faltos de apoyo, o de cariño…

Margo Channing: Abróchense los cinturones, esta noche habrá turbulencias...

Eve Harrington: Imaginen saber que cada noche cientos de personas diferentes te quieren. Te sonríen, les brillan los ojos. Ver que has gustado. Que te ensalzan y aclaman. Solo eso no se paga con nada.

- El 90% del teatro es trabajo. Trabajo duro: sudor, aplicación y destreza. Para ser un buen actor, o lo que sea, en el teatro debes quererlo más que a ninguna otra cosa. Exige concentrar el deseo, la ambición y el sacrificio como ninguna otra profesión. Y el hombre o la mujer que acepta esos términos no puede ser ordinario. Dar tanto por casi siempre tan poco.






viernes, 17 de agosto de 2012

Tal vez los tiempos son así



Me gusta la vehemencia civilizada de las intervenciones. Algo que nos hace mucha falta es debatir de verdad: concediéndole al otro el derecho no solo a tener parte de razón o toda la razón, sino también a opinar de buena fe. 
Wim Wenders con Paris, Texas al menos trataba de gente real y de sentimientos humanos, y había en ella eso que ya casi nunca hay en el cine, una sugerencia de respeto hacia los destinos de los personajes. 
 Pulp fiction la bazofia de lo sanguinario, la miserable pornografía puritana de la crueldad.
Pero lo peor de todo es que tal vez los tiempos son así, la irrealidad cruenta y tediosa de Pulp fiction es un retrato de la realidad más acertado de lo que sus multitudinarios defensores (y sus cuatro o cinco detractores pusilánimes) están dispuestos a admitir. 
La violencia extrema de esta película es inocua en su exageración: pero basta mirar los periódicos para saber que eso no es así, que lo más común en todas partes es justamente la crueldad gratuita y sin límites,
En Pulp fiction tan sólo hay una inhumana falta de piedad, o de compasión, para ser más exactos, una incapacidad aturdida y embrutecida de comprender el dolor,
Al fin y al cabo la han hecho en un país donde hay detectores de armas de fuego a la entrada de las escuelas públicas y donde es legal ejecutar en la silla eléctrica a un retrasado mental o a un menor, pero no permitirles que fumen un cigarrillo antes de morir.
Javier Marías
Nada me alegra tanto como poder disentir sobre asuntos cinematográficos con un escritor a quien aprecio y con cuyas opiniones a menudo estoy de acuerdo.
La escena de la película Kika, de Almodóvar, en la que se presenta la violación de una mujer en tono de farsa, más que la escena misma, le irritaba la reacción que había observado en el público,
Esta manera de ver cine (o de leer novelas) a mí me parece un poco elemental, pero sobre todo me parece moralista y -no muy alejada de la óptica con que las asociaciones de espectadores más conservadoras intentan (y van consiguiendo) censurar los- contenidos de la televisión, se trate de películas, anuncios o programas. Y lo peor de esta actitud en el presente caso son las cortapisas que pudiera acarrear a uno de los géneros más nobles y más difíciles y más antiguos, la comedia.
Bromear sobre lo más serio y grave, sobre lo más trágico o abominable, puede ser de gran ayuda. Comprensión de las atrocidades. Comprensión no quiere decir aprobación,
No se le invita a juzgar -o no se debería-, se le propone ver cómo sucedieron esos hechos, cómo fueron posibles, qué clase de individuos los cometieron, es decir, cómo eran esos individuos antes y después de ellos,
En el arte no se trata de absolver o condenar a nadie (bueno, sí en el mal arte de tesis), sino de comprender mejor el mundo precisamente porque se asiste a su transcurso.
Nuestra integridad moral es siempre subjetiva y ambigua, y de que la frontera entre: lo que creemos que haríamos y no haríamos es más difusa de lo que pensamos normalmente. Nabokov en una reacción puritana y simplista, impropia de un hombre tan agudo en tantas otras ocasiones, en sus Lectures on don Quixote: le parecía un libro cruel, brutal y desagradable, en el que los personajes hacían de continuo el ridículo, eran objeto de bromas feroces (también a cargo del autor) y recibían manteos y palizas a cada episodio. Pero por lo menos alcanzó a ver que esa violencia era irreal, retórica, sin secuelas ni verdaderas consecuencias:
Puestos a mirar el arte desde la moralidad
Antonio Muñoz Molina

Deduce en mí una tendencia a la elementalidad y al moralismo que al parecer ya manifesté cuando el estreno de Kika, 

 Lleva a cabo un elogio muy brillante, y que desde luego yo comparto, del espíritu de la comedia y de los valores emocionales e incluso morales de la ficción, en la creencia, supongo, de que Pulp fiction se nutre de ellos.

No creo que el cine tenga la obligación de moralizar:
En el arte hay siempre una dimensión moral e ideológica, y de que las reacciones ante una obra y los juicios de valor estéticos, conscientes o intuitivos, nunca son exclusivamente formales.
Entre sus muchas diferencias: la compasión, en su sentido más literal, el misterio de hacer que el espectador entienda a la vez a la víctima y al asesino, se ponga íntimamente en el lugar de cada uno de ellos, igual que el director, o el autor de un libro, está en el lugar de cada, uno de los personajes.
No soy partidario de prohibir Kíka ni Pu1p fiction, ni ninguna otra película, ni de someter a directrices ideológicas estrictas sus contenidos
Justo porque la medida de su grandeza es la risa sobre las cosas más serias,
En las mejores comedias la risa se establece justo en el límite de la posibilidad de reírse, o Vladímir Nabokov Pnin, que trata precisamente de la legitimidad de la burla y de los límites de la risa,
Cada cual tiene derecho a juzgar la calidad o la catadura de la risa, incluso a compartirla o no,
No podía percibirlos como escenas de comedia. Que, una gran parte del público, a mi alrededor, se muriera de risa no me producía indignación, sino esa extrañeza, (incómoda,
Contraste alucinante entre el puritanismo sexual de los Estados Unidos y la obscenidad con que se exhibe, se comercializa y se exalta la violencia de las armas de fuego.
Javier Marías

Un recurso frecuentísimo, pero que no habría esperado de un escritor que suele jugar limpio. El recurso consiste en decir que no ha dicho lo que no ha dicho
Introducir a posteriori el elemento diferencial de la calidad -siempre discutible y subjetivo, por lo demás- no creo que sea muy honrado.
Sus canciones no deberán juzgadas desde una perspectiva moralista ni por los efectos que causen en la juventud.
Las razones por las cuales conviene que ese punto de vista moral quede en principio al margen al juzgar el arte -a diferencia, insisto, de lo que sucede con los hechos o casos reales- son variadas, pero me limitaré a señalar una de índole práctica: si se admite ese criterio moral, no hay por qué no tener en cuenta cualquier posible moral.
Tampoco Pulp fiction me deslumbró, pero vi en ella un talento, atrevimiento y misterio, cosas que no abundan en el cine ni en la novela actuales.
La risa (contra la que él escribió hace poco otro artículo, por lo demás) es tan subjetiva como la moral, y además es cambiante.
To be or not to be, de Lubitsch, tuvo problemas y fue atacada en su día por la gente seria precisamente porque se atrevía a hablar en tono de broma de algo tan grave como la invasión de Polonia.
o el arte moral, aunque a mi interlocutor le cueste desprenderse de esta última. Ha costado mucho meter en la cabeza de los críticos (y no de todos) que la separación de contenido y forma es disparatada
Estoy de acuerdo es en la dimensión moral del arte. No tanto en la ideológica, Simplificación elemental -sí, de nuevo-, falsaria e intelectualmente perezosa
Esa dimensión moral del arte tiene poco o nada que ver con la de la realidad, y eso es lo que Muñoz Molina no acaba de querer ver.
La lista de Schindler, sobre cuya correcta ideología, y propósito moral no hay dudas aparentes, yo la veo como una película deshonesta y por tanto inmoral desde el momento en que recurre a un truco barato y lacrimógeno para conmover al espectador. (Abrigo de la niña en color rojo).
Recurrir a la nacionalidad de una película para execrarla.

Salvando las distancias, que las hay, me ha recordado una experiencia personal. No sé si seré capaz de expresarme con objetividad. Al menos, voy a intentarlo.
Se trata de un buen amigo de mi marido. Nos conocemos desde el año 1995, desde el otoño de ese año, para ser exactos. En esa fecha yo era la novia de otro de sus amigos. Digamos que esta historia viene de lejos y ha pasado por diferentes etapas.
Parece que yo no le caigo bien. No sé si desde el principio. Y la razón por la que lo creo es que no hace nada por disimularlo, más bien parece tener interés por pregonarlo a los cuatro vientos. Siempre ha sido así, por lo menos que yo recuerde. Cuando digo algo con lo que no está de acuerdo, en lugar de argumentar en contra se limita a decir algún disparate que suponga esté a la altura de lo que yo acabo de expresar. Hay una intencionalidad de dejarme en ridículo, de hacerme parecer tonta. Él sabe que no lo soy, pero actúa como si lo fuese y su tendencia es a tergiversar mis argumentos, a dejarme en evidencia, si es posible, de cara a los demás.
Lo que de verdad le molesta de mí no lo sé pero estoy segura de que no es el tema de discusión en ningún caso. Lo que de verdad le molesta o le irrita es otra cosa que yo no soy capaz de adivinarle.
Al principio, yo trataba de defenderme con argumentos porque le presumía una buena intención. Cuando me di cuenta de su falsedad, de que se trataba de un juego en el que él siempre iba a tener la última palabra, opté por la indiferencia. Ahora no le escucho cuando trata de humillarme.
Mi marido mantiene una buena relación con él, al margen de nuestras diferencias.
Esto significa que ellos se siguen viendo periódicamente y, ocasionalmente, nos reunimos los cuatro –las dos parejas o el antiguo grupo que formábamos antes.
En las últimas veces que nos hemos visto en grupo yo he tenido la opción de poder evitarlo. Entre tantas personas siempre puedes ignorar a una sin llamar la atención.
El problema surge cuando estamos los cuatro. Él me pregunta y yo tengo que contestar, ser amable, mantener la apariencia de normalidad, la corrección. 
Mi marido y su mujer estuvieron presentes en el último intento y no hemos cruzado una palabra después sobre el tema. Ya no sé si es que a mi marido le acaba pareciendo normal lo anormal o es que yo estoy empezando a ser demasiado exigente con las compañías que frecuento.
las opiniones impopulares, controvertidas o, en todo caso, distintas, cuando son expresadas por una mujer, se interpretan como indicadores de su estupidez. No es que no estés de acuerdo con ella, es que es idiota. “Lo siento, cariño, pero no lo entiendes.” He perdido la cuenta de las veces que me han llamado “imbécil ignorante”.
La voz pública de las mujeres, Mary Beard

jueves, 16 de agosto de 2012

Entre pan y bastidores


Es un error pensar que lo íntimo es incomunicable, pero también lo es confundirlo con el cotilleo sobre la vida privada.
El arte es el elemento privilegiado en el que la intimidad se desvela sin pervertirse por ello ni degradarse en privacidad.
José Luis Pardo
 
 
-¿Abuela, quién te enseñó a hacer croché?
-Pues no sé, aprendí de verlo hacer a mi hermana, supongo. No me enseñó nadie.
-¿Cuándo aprendiste? ¿De pequeña?
-¡Que vá! Antes no había tiempo para esas cosas. Curiosamente nunca hice croché mientras ella vivió, empecé a hacerlo a partir de su muerte.
-¿Tu madre también lo hacía?
-No, mi madre no. Tenía mucho trabajo. Demasiado trabajo para entretenerse.
-Pero lo que a mí realmente me gustaba era bordar en el bastidor. Eso sí que me gustaba.

Yo no recuerdo haberla visto bordar. Ni siquiera he visto en su casa ningún bastidor. La recuerdo sólo con sus agujas de punto, de ganchillo, cosiendo, con sus libros de labores y madejas de lana e hilo.
En cambio, sí he encontrado bastidores, no uno, sino varios y de distintos tamaños, en la casa de mis abuelos maternos. Claro que yo no he subido al desván de Pilas con la misma confianza con la que registraba y revolvía en las salas de la casa de Bollullos. En una me movía a tientas, con temor y respeto, pisando suelo resbaladizo. En la otra, sin embargo, me movía como pez en el agua.

El pasado 6 de julio mi abuela cumplió noventa y dos años. Tenía veinte cuando perdió a su madre, en el año 1940.
Su única hermana, Catalina, diez años mayor que ella, siempre fue un poco a lo suyo. Me dio a entender que sus padres se lo consentían.
-Le hacía más caso a ella que a mi madre.
-Se subía al sobrado de la casa a hacer labores, se aislaba y no quería saber nada. Mi madre decía: ¿Qué estará tramando hoy Catalina? A ver lo que nos trae. Ella era muy caprichosa y hacía sólo lo que le gustaba.
En sus palabras había reproche pero también admiración:
-Tenía mucho talento para sacar patrones y por los libros de costura y labores aprendía a hacer todas las cosas. Veía una labor que le gustaba y decía “Esto lo saco yo” y no paraba hasta conseguirlo. Claro que no hacía otra cosa. Se pasaba las horas muertas allí arriba. No bajaba ni para beber. Me llamaba para todo.

Me contó que su hermano Eugenio, que era muy bromista, cuando escuchaba a Catalina llamar a voces le decía:
-Tira los platos, María, corre, que te llama tu hermana.
Qué disparate. Tira los platos –porque yo estaba fregando-. Me aclara.
Y luego era porque quería que le subiera un vaso de agua.

-Mamá, tú también hacías encajes de bolillos. Aprendiste sola a hacer de todo-. Interviene mi padre para hacerla entender que ella también fue autodidacta.

-Sí, es verdad. Aprendí de fijarme y lo saqué por los libros. Pero eso fue después. Entonces yo estaba siempre en el despacho del pan.
Mi bisabuelo, Juan Delgado, era –no sé si el único en aquella fecha, panadero de Pilas.
Todos sus hijos trabajaban en el horno de leña, amasando y cociendo pan. Todos sus hijos y una de sus hijas, María, porque Catalina parece que nunca quiso hacerse cargo.
-Eso ya se ha perdido pero antes las vecinas venían con las tortas para que se las cociéramos.
Yo amasaba el pan con mis hermanos, horneaba con la pala, vendía y manejaba el dinero. Trabajaba mucho. Recogía las habitaciones, ponía la mesa a las 15. Con Catalina no había que contar.

Alguna vez mi abuelo me contó que se enamoró de ella viéndola trabajar allí. La madre de mi abuela, Ana, y la madre de mi abuelo, Catalina, eran amigas y se trataban mucho. Mi abuela también recuerda con cariño a la abuela materna de mi abuelo, Josefa.

Después de estar un rato recordando a sus hermanos, especialmente a Catalina, vuelve al presente, a su situación actual. Se lamenta de no tener ya suficiente vista para poder seguir tejiendo.

Me llevaría horas y horas hablando con ella, haciéndole preguntas pero yo también he de volver al presente. Las dos niñas que me reclaman, mis padres que ya quieren marcharse. Mi marido también está impaciente.



domingo, 5 de agosto de 2012

Una lágrima asomada



Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá.


Cuando te hablen de amor
y de ilusiones
y te ofrezcan un sol
y un cielo entero
si te acuerdas de mí
no me menciones
porque vas a sentir
amor del bueno

Yo he crecido escuchándote, Chavela.
Ella te escribió un mensaje, una carta preciosa, una declaración de incondicional.
Ella se refugiaba en ti y tú la llamaste “Mi niña” y la abrazaste.
Me queda el recuerdo de los conciertos: Sevilla, Madrid, Jerez.
La suerte de haberte conocido y haber conversado en La Residencia y en Cádiz.
Ya sabes que de mí no te vas. Imposible. Tendría que nacer de nuevo.
Tu voz está ligada a mis recuerdos como la sal al pan. 
Fue un milagro que volvieras. 
¿Cuándo volveré a escucharte sin dolor? ¿Acaso es posible?


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