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domingo, 2 de febrero de 2025
martes, 31 de enero de 2017
Nadie escucha
¿Por qué el dolor de cada día se traduce en nuestros sueños tan constantemente en la escena repetida de la narración que se hace y nadie escucha? […]
Me contó su historia, que he olvidado hoy, pero era una historia dolorosa, cruel y conmovedora; porque así son todas nuestras historias, cientos de miles de historias, todas distintas y todas llenas de una trágica y desconcertante fatalidad. Nos las contamos por las noches, y han sucedido en Noruega, en Italia, en Argelia, en Ucrania, y son sencillas e incomprensibles como las historias de la Biblia. ¿Pero acaso no son también historias de una nueva Biblia? […]
Porque así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara. Es algo providencial y que nos permite vivir en el campo. Y también es ésta la razón por la cual con tanta frecuencia, en la vida en libertad, se oye decir que el hombre es insaciable: mientras, más que de una incapacidad humana para el estado de bienestar absoluto, se trata de un conocimiento siempre insuficiente de la naturaleza compleja del estado de desgracia, por lo cual a causas que son múltiples y ordenadas jerárquicamente se les da un solo nombre, el de la causa mayor; hasta que ésta llegue a desaparecer, y entonces uno se asombra dolorosamente al ver que detrás de una hay otra; y en realidad, muchas otras.Si esto es un hombre, Primo Levi
Sobre la necesidad de contar lo vivido para tratar de asimilarlo, de explicárselo a uno mismo. Dar testimonio porque es importante hacerlo antes de que los testigos directos desaparezcan.
Historias de una nueva Biblia, de un nuevo éxodo. Holocausto era un antiguo sacrificio religioso. Adquiere el sentido de exterminar a un grupo social por motivos de religión, raza o políticos.
Sobre la capacidad humana para sobrellevar el dolor y la desgracia.
Decidí hablar con mi padre. No porque tuviéramos mucha confianza, desde luego. Mi padre era un hombre reservado, tan incapaz de mostrarles sus sentimientos a sus hijos como de aceptar los que ellos tenían hacia él. Durante muchos años sospeché que detrás de tanto hermetismo debía de haber un tesoro escondido. Pero con el tiempo empecé a preguntarme si de verdad había algo allí detrás. Quizá había tenido sentimientos en su niñez y su juventud, y a lo largo de los años, al no expresarlos, los había dejado agostarse y morir.Pero fue precisamente esa distancia lo que me hizo buscar el diálogo con él. No fui a hablar con mi padre, sino con el filósofo que había escrito libros sobre Kant y Hegel, autores que, por lo que yo sabía, habían reflexionado sobre asuntos morales. Creía que mi padre sería capaz de contemplar abstractamente el problema, en lugar de dejarse distraer, como mis amigos, por las deficiencias de mis ejemplos. […]Para empezar se remontó a conceptos como la persona, la libertad y la dignidad, y recalcó la idea del ser humano como sujeto al que nadie tiene derecho a convertir en objeto. —¿No te acuerdas de cómo te enfadabas de pequeño cuando mamá, por tu bien, te obligaba a hacer algo que no querías? ¿tenía derecho a hacerlo, aunque fueras un niño? Es todo un problema. Un problema filosófico. Pero la filosofía no se preocupa de los niños. Los ha dejado en manos de la pedagogía, lo cual es un error. La filosofía se ha olvidado de los niños —añadió con una sonrisa—, y no sólo de vez en cuando, como me pasaba a mí con vosotros, sino para siempre. […]
—Pero en el caso de los adultos, desde luego, tengo muy claro que no hay justificación alguna para anteponer lo que un sujeto considera conveniente para otro a lo que éste considera conveniente para sí mismo. […]
—No, tu problema no tiene ninguna solución agradable. Vamos a ver: esa persona que conoce un secreto y no sabe si debe revelarlo, ¿se limita a observar o tiene algún tipo de responsabilidad en el asunto, aunque sea involuntariamente? Si es así, esa persona debe actuar. Si sabe lo que le conviene al otro, y éste se niega a verlo, debe intentar abrirle los ojos. El otro siempre tendrá la última palabra, pero hay que hablar con él. Insisto, con él, no con otra persona a sus espaldas. […]
Hoy, cuando pienso en aquellos años, me doy cuenta de lo escasa que era la carga visual, de lo escasas que eran las imágenes que documentaban la vida y la muerte (o, mejor dicho, el asesinato) en los campos de exterminio. […] Conocíamos algunos relatos de prisioneros, pero muchos de ellos salieron a la luz poco después de acabada la guerra y no volvieron a ser publicados hasta los años ochenta, pues durante mucho tiempo no interesaron a las editoriales. […] teníamos la sensación de que la conmoción que había producido el mundo de los campos de exterminio no era compatible con la fantasía. […]Quería deshacerme de los tópicos con ayuda de la realidad.
El lector, Bernhard Schlink. Traducido por Joan Parra Contreras
Posguerra de la segunda guerra mundial. Alemania. Relación paterno-filial. Incapacidad para demostrar sentimientos, de abordar cuestiones concretas. Tratamiento de asuntos de carácter moral desde la abstracción. No se ofrece una explicación de lo ocurrido. Los ejemplos que se ofrecen son inadecuados. Escasez de imágenes y testimonios relacionados con el holocausto hasta la década de los ochenta. La segunda generación se pregunta lo que no ha querido preguntarse la primera.
No porque los demás lo vean y lo sepan debe nuestra alma desempeñar su papel, sino para nosotros, interiormente, donde no lleguen otros ojos que los nuestros. Allí el alma nos resguarda del temor de la muerte, de los dolores y de la deshonra misma; allí nos procura la calma cuando perdemos nuestros hijos, nuestros amigos o nuestros bienes y cuando las circunstancias lo exigen nos conduce a los peligros de la guerra; non emolumento aliquo, sed ipsius honestatis decore [No por interés, sino por rendir homenaje a la virtud. CICERÓN, de Finibus, I, 10.]. Este provecho es mucho más grande y más digno de ser apetecido y esperado que el honor y la gloria, los cuales no son otra cosa que un juicio favorable que de nosotros se hace. De la gloria, Ensayos, Michel de Montaigne
Sobre el papel de nuestra conciencia. La nobleza de espíritu nos procura serenidad en los momentos más difíciles. No actuamos por deber sino para procurarnos tranquilidad de conciencia.
Elegir la virtud es elegir el bien (elegir bien). Nuestra voluntad se inclina a lo bueno -no por interés, honor o gloria. Esta elección nos hace sentirnos satisfechos de nosotros mismos. Nos procura calma, paz de espíritu. Relaciono la nobleza de espíritu con la bondad.
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martes, 26 de enero de 2016
Testigo sin descanso
Contra la holganza, Ensayos, Montaigne
La tregua, Primo Levi
Si esto es un hombre, Primo Levi
Primo Levi: el testigo sin descanso, prólogo de Antonio Muñoz Molina para la Trilogía de Auschwitz
Philiph Roth entrevista a Primo Levi, Marco Belpoliti Traducido por Paul Rosenberg para Centro Primo Levi
A man saved by his skills, Philiph Roth, The New York Times, 12 de octubre de 1986
Lo que Séneca dice de la educación en la antigua Roma no sentará mal aquí: «Nada enseñaban a los muchachos, dice, que tuvieran necesidad de aprenderlo sentados.» […]Dicen los portugueses que en cierto lugar de los que en las Indias conquistaron vieron guerrilleros que con horribles execraciones se condenaban a no admitir ningún género de tregua, queriendo sólo salir vencedores o muertos, y que como muestra de su voluntad llevaban rapadas cabeza y barba.Contra la holganza, Ensayos, Montaigne
La primera patrulla rusa avistó el campo hacia el mediodía del 27 de enero de 1945. [...]Eran cuatro soldados jóvenes a caballo, que avanzaban cautelosamente metralleta en mano, a lo largo de la carretera que limitaba el campo. Cuando llegaron a las alambradas se pararon a mirar, intercambiando palabras breves y tímidas, y lanzando miradas llenas de extraño embarazo a los cadáveres descompuestos, a los barracones destruidos y a los pocos vivos que allí estábamos. [...]
nunca ya podría suceder nada tan bueno y tan puro como borrar nuestro pasado, y que las señales de las ofensas se quedarían en nosotros para siempre, […]
me sentía vencido por un dolor nuevo y más vasto, antes sepultado y relegado fuera de los límites de la conciencia por otros dolores más urgentes: era el dolor del exilio, de la casa lejana, de la soledad, de los amigos perdidos, de la juventud perdida, y de la multitud de cadáveres que había a mi alrededor. […]
Todo se ha vuelto un caos: estoy solo en el centro de una nada gris y turbia, y precisamente sé lo que ello quiere decir, y también sé que lo he sabido siempre: estoy otra vez en el Lager, y nada de lo que había fuera del Lager era verdad. El resto era una vacilación breve, un engaño de los sentidos, un sueño: la familia, la naturaleza, las flores, la casa. Ahora este sueño interior al otro, el sueño de paz, se ha terminado, y en el sueño exterior, que prosigue gélido, oigo sonar una voz, muy conocida; una sola palabra, que no es imperiosa sino breve y dicha en voz baja. Es la orden del amanecer en Auschwitz, una palabra extranjera, temida y esperada: a levantarse, Wstawac.
La tregua, Primo Levi
Ninguno, ni nosotros ni ellos, pensaba que la promiscuidad inevitable con nuestros enfermos hacía peligrosísima la permanencia en nuestro cuarto, y que enfermar de difteria en aquellas condiciones era más seguramente mortal que tirarse desde un tercer piso.Si esto es un hombre, Primo Levi
El 11 de abril de 1987, apenas un año después de escritas estas palabras terribles [Los hundidos y los salvados], Primo Levi cayó por el hueco de la escalera de su casa, desde el rellano de la tercera planta, en la que vivía.Primo Levi: el testigo sin descanso, Prólogo de Antonio Muñoz Molina a la Trilogía de Auschwitz
Teníamos una incorregible tendencia a ver en cada acontecimiento un símbolo y un signo.Comienzo del capítulo Más acá del bien y del mal, Si esto es un hombre
Philiph Roth entrevista a Primo Levi
Queremos recordar a Philip Roth (1933-2018) -además de su extraordinaria producción literaria- por su papel fundamental en la introducción de Primo Levi en el mundo de habla inglesa. En este ensayo, Marco Belpoliti examina los encuentros entre Roth y Levi que condujeron a tres versiones de una entrevista memorable.Marco Belpoliti
Traducido por Paul Rosenberg para Centro Primo Levi
Uno de los mejores libros de Phillip Roth no es una novela, ni siquiera una colección de cuentos; más bien es un libro de entrevistas, titulado Shop Talk (en italiano Chiacchiere di bottega). Publicado en inglés en 2001, el volumen contiene una serie de conversaciones con otros escritores. Las entrevistas están precedidas por vívidos retratos de las personas que Roth conoció, desde Aharon Appelfeld hasta Ivan Klima, desde Isaac Bashevis Singer hasta Milan Kundera; luego hay una visita a Edna O'Brien y un intercambio de cartas con Mary McCarthy, un retrato de Philip Guston y una serie de reseñas rápidas de los libros de Saul Bellow. Son piezas maravillosas en las que Roth muestra no sólo que es un excelente lector, y ¿cómo podría ser de otro modo si es escritor? - pero también que es capaz de asumir el papel de crítico, un papel que no todos los autores conocen, sobre todo si son famosos. Un crítico es alguien que entra en las profundidades de los libros que lee, para viajar a través de la fina red de su sustancia y de este viaje extraer observaciones generales sobre la literatura, el mundo y él mismo. Roth demuestra en su "charla de trabajo" que posee una humildad extraordinaria [!??!]. Nunca se pone por encima de los autores que conoce y nunca desprecia sus libros: hace preguntas, cara a cara. Lo hace como amigo, como admirador, con una intensidad de interés que impresiona en un escritor tan complejo, rico y profundo. Su profundidad deriva de su inteligencia, pues por muy agudo que sea, Roth nunca es cínico ni sentimental, y siempre está dispuesto a comprender.
Roth demuestra en su "charla de trabajo" que posee una humildad extraordinaria [!??!] ¡Válgame Dios!
El libro, ahora incorporado a la colección de sus ensayos, Why Write? Collected Nonfiction 1960-2013 (The Library of America, New York 2017), presenta como capítulo inicial una conversación con Primo Levi, el escritor al que Roth probablemente más admiraba, al menos entre los no estadounidenses. Es una conversación realmente fascinante que tiene una historia interesante detrás, empezando por el hecho de que esta versión no es la única que se puede leer. Es una entrevista que, a pesar de las innumerables variaciones, está disponible en al menos tres versiones diferentes. La entrevista nos dice algo de la relación entre Roth y Leví, pero también nos informa sobre las maneras en que Leví pensó sobre su trabajo. Einaudi ha publicado recientemente el tercer volumen de la Obra Completa del escritor torinés, que lleva el subtítulo: Conversaciones, entrevistas y declaraciones, y que yo cursé; este volumen contiene dos de las versiones de esta conversación. Pero empecemos por el principio, cuando Roth y Levi se conocieron.
En Londres y en Turín
La primera vez que los dos escritores se reúnen es en abril de 1986 en Londres. Levi había ido allí para una conferencia en el Instituto Italiano de Cultura, que estaba dirigido por Giorgio Colombo. Este fue el segundo viaje de Levi como un escritor ahora aclamado a un país de habla inglesa, después de su visita a los Estados Unidos el año anterior. Le acompaña su esposa Lucía. En su casa de Turín han dejado a las dos personas mayores que cuidaban con la ayuda de amas de casa y enfermeras: La madre de Primo y la madre de Lucía, dos mujeres muy viejas y enfermas.
Gaia Servadio organiza el encuentro con el escritor americano. Periodista y escritora, Servadio, que vive en Londres desde 1956, trabaja con varias publicaciones, entre ellas "La Stampa", con la que Levi también colabora. Además, es hija de un químico que Levi conoció en Siva, un Luxardo, cuya madre y abuela murieron en Auschwitz. El periodista italiano conoce a Roth. La petición de encuentro viene de Roth, que es un admirador de Levi. El encuentro tiene lugar en el Instituto Italiano de Cultura, en el 39 de la Plaza de Belgrave. Pasean y conversan. Cuando se termina el americano le confía a Gaia que ha conocido a un hombre notable. Es miércoles 16 de abril de 1986.
En un fin de semana de septiembre del mismo año Roth llega a Turín. Había arreglado una entrevista con Levi para "The New York Times Book Review" para la cual escribió. Le acompaña a la ciudad piamontesa su esposa, Claire Bloom, la actriz, que fue ídolo de Levi por haber sido la protagonista de Limelight, que fue una película de culto para él. Van inmediatamente a Siva, porque Roth tiene curiosidad por ver el lugar donde Leví había trabajado durante treinta años. Allí son acompañados por Paola Accardi, hija del propietario de la empresa y directora de la fábrica. Paola había vivido en Inglaterra y hablaba bien el inglés. También se había casado con un químico inglés que había ocupado el puesto de Levi en la fábrica cuando se jubiló. Primo le pide que conduzca el coche y que le ayude a conversar con Roth. Parece que le dijo a Paola: "No puedo conducir y hablar al mismo tiempo". La nueva directora de Siva conoce bien a Primo, no sólo porque es hija del empresario Federico, conocido como Rico (que es una figura importante en la vida de Levi, tanto profesionalmente como de otro tipo), sino también porque durante algunos años había vivido cerca del escritor y, por lo tanto, conducía con él para ir al trabajo. Paola le contó una vez a Carole Angier cómo había sido probar estos paseos en coche, dado que Primo casi siempre estaba en silencio y la hacía sentir incómoda (The Double Bond. Primo Levi. A Biography, Farrar, Straus and Giraud, Nueva York, 2002.) Una vez acogió a Levi en Londres, cuando vivía allí, y en esa ocasión encontró que el químico de la fábrica de su padre era muy animado y amistoso.
La visita a la empresa química es el tema de la primera parte de la obra de Roth, que es una obra maestra menor de observación psicológica. Descubre un Levi que todavía tiene la fábrica en su corazón, un Levi que tiene la nariz como un perro -el olor es una de las razones, escribió, que lo motivó a convertirse en químico- pero también que "está concentrado y sigue como una ardilla" cuando escucha a quienes le hablan. Roth entiende que la singularidad de Levi radica en que es más un químico que un químico escritor. No se trata de una observación menor, ya que hasta entonces nadie había señalado, al menos fuera del círculo íntimo del escritor, la personalidad de su artista. Roth también dice de Levi que entre los artistas intelectualmente dotados del siglo XX, "es probablemente el que más se adapta al entorno que le rodea en todos sus aspectos"; podríamos usar esta frase hoy en día en lo que respecta a su resiliente respuesta tanto en Auschwitz como en la vida diaria, en Turín y en Siva.
Angier y Thomson, los dos biógrafos de Levi, relatan ese fin de semana en Turín con Philip Roth y Claire Bloom con gran detalle. El entusiasmo con el que Levi fue recibido por la gente de la fábrica, que llevaba doce años jubilado, así como las reacciones del escritor: "Aquí hay otro fantasma", susurra al oído de Roth al ver a un empleado de la oficina central, que en un momento dado era su propio lugar de trabajo, que se acercaba para saludarle. La conversación se traslada a Corso Re Umberto 75, en el estudio del escritor, que Roth describe en su ensayo. Quedan unas bonitas fotos de la visita, capturando ambas delante de la biblioteca del escritor. Roth tiene una barba marcada por áreas blancas, Levi su barba de chivo blanco. Muy diferentes físicamente, también son diferentes en carácter; se puede ver que se gustan entre sí. Después de todo, desde que se enteró de la inminente llegada de Roth, Levi se sintió halagado por esta visita y por la entrevista propuesta para un diario estadounidense tan importante. Tenía razón en sentirlo, ya que esto contribuiría en gran medida a consolidar su fama en ese país, que ya estaba creciendo gracias a las traducciones, los reconocimientos, las críticas y su visita a los Estados Unidos para entrevistas y conferencias. A Primo le gusta mucho Claire, no sólo porque es una actriz famosa y una mujer hermosa, sino porque muestra una sensibilidad que impresiona al escritor italiano. Al día siguiente visitan Turín, almuerzan juntos y van a la librería de Angelo Pezzana, el Luxemburgo, donde Roth firma ejemplares de sus libros. La cena en Cambio, el clásico restaurante torinés, sella el placer de estar juntos.
En el estudio de Levi hablan de muchas cosas. Poco o nada de esta conversación es parte de la entrevista, porque - y aquí está lo interesante, como Domenico Scarpa notó - la entrevista no fue grabada, y tampoco Roth tomó notas frenéticamente en un bloc: todo se hizo por escrito y desde lejos. Después de que se separaron, Roth tuvo el trabajo de enviar una serie de preguntas, y Leví el de responder por escrito. Esto no quiere decir que lo que Roth vio y entendió en este segundo encuentro con el químico torinés no tenga nada que ver con la conversación publicada. Con un ojo curioso, incluso codicioso, Roth llegó a entender muchas cosas sobre Leví y luego leyó de cerca sus libros, de tal manera que formó una idea precisa sobre la personalidad del escritor y también de parte del hombre. Esto es evidente en las preguntas que enviaba con bastante rapidez, dado que la entrevista se publicó poco más de un mes más tarde en la revista americana, el 12 de octubre de 1986.
Ambos son oyentes atentos el uno al otro, aunque en la introducción de la conversación Roth atribuye esta cualidad sólo a Leví. Pero los que leen Shop Talk notarán esta capacidad en el americano: saber escuchar al otro de tal manera que capte las inflexiones, los tonos de voz, los pasajes más importantes. Los escritores, afirma en la entrevista con Leví, al igual que los seres humanos en general, se dividen en dos categorías, "los que saben escuchar y los que no son capaces de hacerlo". Estos dos son del primer tipo. Roth también sabe cómo mirar. Su formidable habilidad de observación vale más que muchas lecturas críticas para medir la personalidad literaria de Leví: "En su cuerpo y en su rostro se vislumbra -de una manera que no sucede con la mayoría de los hombres- el cuerpo y la cara del niño pasado". La curiosidad de Levi, rasgo fundamental de sus escritos, es la punta del iceberg de su personalidad más privada. Roth también agrega otra observación poderosa: "Su disponibilidad para la reflexión es casi palpable; la perspicacia vibra dentro de él como una pequeña llama interior". Este comentario nos permite entender cómo el cuerpo es un elemento importante en la personalidad de Leví, una forma de ser que nos conecta con la disposición del intelecto y la perspicacia, que en sí misma es una forma de atrapar las cosas sobre la marcha: definitivamente tiene olfato (agudeza, perspicacia). Tal vez aquí Roth está hablando no sólo de Leví, sino también de sí mismo.
Cuando se separan el lunes 8 de septiembre, el escritor estadounidense nota algo triste en su nuevo amigo, lo que le confirma las intuiciones que había tenido en Londres durante su encuentro anterior. Leví no había divulgado ninguna información sobre la depresión que lo había agobiado durante algún tiempo, pero Roth aún sentía algo así en él, junto con el sentido de una personalidad que emanaba tranquilidad. Una dualidad bastante inusual. La que parece percibir con mayor profundidad la parte dolorosa de Leví es la esposa de Roth, Claire Bloom, que es más comprensiva con el sufrimiento de Leví; como sabemos, en los años siguientes Roth también sufriría de depresión. Claire ha contado a Thomson que la mirada de Primo en el momento de su separación la impresionó. Estas son observaciones ex-post, hechas después del suicidio de Levi, pero es evidente que Claire discernía el trasfondo de dolor que el amigo torinés tenía dentro de sí. "No sé exactamente lo que era, pero entendí algo, y Primo entendió que yo lo había entendido. Experimentamos un intercambio extraño, una especie de reconocimiento mutuo, muy, muy fuerte. Si Primo entendió algo de sí mismo, no lo sé". Tiene ganas de llorar. Levi abraza a Roth y le dice: "No sé cuál de nosotros es el hermano mayor y cuál el menor". Fue Primo, de hecho, quien era más de diez años mayor.
Este comentario de Levi es muy agudo. La posición por encima de la edad.
El viernes de septiembre que llegué a Turín -para retomar una conversación con Primo Levi que habíamos iniciado una tarde en Londres la primavera anterior- pedí que me mostraran la fábrica de pintura donde había trabajado como químico investigador y, después, hasta la jubilación, como gerente de fábrica. En total, la empresa emplea a 50 personas, principalmente químicos que trabajan en los laboratorios y trabajadores cualificados en el suelo de la planta. La maquinaria de producción, la fila de tanques de almacenamiento, el edificio del laboratorio, el producto terminado en contenedores de tamaño humano listos para ser embarcados, la instalación de reprocesamiento que purifica los residuos - todo ello se engloba en cuatro o cinco acres a siete millas en coche de Turín. Las máquinas que secan la resina y mezclan el barniz y eliminan los contaminantes nunca son realmente ruidosas, el olor acre del patio -el olor, me dijo Levi, que se aferró a su ropa durante dos años después de su jubilación- no es de ninguna manera desagradable, y el contenedor cargado con el residuo de lodo negro del proceso anticontaminante no es particularmente desagradable. No es el entorno industrial más feo del mundo, pero sí un largo camino, sin embargo, desde esas frases impregnadas de mente que son el sello distintivo de las narrativas autobiográficas de Levi. Por otro lado, por muy lejos que esté de la prosa, es claramente un lugar cercano a su corazón; teniendo en cuenta lo que pude del ruido, el hedor, el mosaico de tuberías y cubas y tanques y esferas, recordé a Faussone, el hábil aparejador de "La llave inglesa", diciéndole a Levi -quien llama a Faussone "mi alter ego"-, "Tengo que decírtelo, estar en un lugar de trabajo es algo que me gusta"".
De camino a la sección del laboratorio donde se examinan las materias primas antes de pasar a la producción, le pregunté a Levi si podía identificar el aroma químico particular que impregnaba levemente el pasillo: Pensé que olía un poco como el pasillo de un hospital. Sólo levantó la cabeza y expuso sus fosas nasales al aire. Con una sonrisa me dijo: "Lo entiendo y puedo analizarlo como un perro".
Me pareció que en su interior se animaba más a la manera de una pequeña criatura del bosque de azogue, potenciada por la inteligencia más astuta del bosque. Leví es pequeño y ligero, aunque no tan delicado como su modesto comportamiento lo hace parecer a primera vista, y aún así parece tan ágil como debe haber sido a los 10 años. En su cuerpo, como en su cara, se ve -como no se ve en la mayoría de los hombres- la cara y el cuerpo del niño que era. Su estado de alerta es casi palpable, su agudeza temblando dentro de él como su luz de piloto.
Probablemente no es tan sorprendente como uno podría pensar que los escritores se dividen como el resto de la humanidad en dos categorías: los que te escuchan y los que no te escuchan. Levi escucha, y con toda su cara, una cara exactamente modelada con una barba blanca en la barbilla que, a los 67 años, es a la vez juvenilmente parecida a la de Pan, pero también profesora, la cara de la curiosidad irrefrenable y del estimado dottore. Puedo creer a Faussone cuando le dice a Primo Levi al principio de "La llave inglesa del mono", "Eres todo un tipo, haciéndome contar esas historias que, excepto a ti, nunca se las he contado a nadie". No es de extrañar que la gente siempre le diga cosas y que todo se registre fielmente antes incluso de que se escriba: cuando escucha está tan concentrado y quieto como una ardilla espiando algo desconocido desde lo alto de una pared de piedra. En una gran casa de apartamentos construida unos años antes de que naciera - y donde nació, porque antes era la casa de sus padres - Levi vive con su esposa, Lucía; a excepción de su año en Auschwitz y los meses aventureros inmediatamente después de su liberación, ha vivido en este mismo apartamento toda su vida.
El apartamento sigue siendo compartido, como lo ha sido desde que los Levis se conocieron y se casaron después de la guerra, con la madre de Primo Levi. Tiene 91 años. La suegra de Levi, de 95 años de edad, vive no muy lejos, en el apartamento de al lado vive su hijo de 28 años, un físico, y a unas pocas calles de distancia se encuentra su hija de 38 años, una botánica. No conozco personalmente a otro escritor contemporáneo que haya permanecido voluntariamente, durante tantas décadas, íntimamente enredado y en contacto directo e ininterrumpido con su familia inmediata, su lugar de nacimiento, su región, el mundo de sus antepasados y, en particular, con el entorno de trabajo local que, en Turín, sede de Fiat, es en gran medida industrial. De todos los artistas intelectualmente dotados de este siglo - y la singularidad de Levi es que es aún más el artista-químico que el químico-escritor - puede que sea el que más se adapte a la totalidad de la vida que le rodea. Tal vez en el caso de Primo Levi, una vida de interconexión comunitaria, junto con su obra maestra ``Supervivencia en Auschwitz'', constituye su respuesta profundamente civilizada y animada a aquellos que hicieron todo lo que pudieron para cortar toda conexión que lo sostenía y arrancarlo a él y a su especie de la historia.
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En "El sistema periódico", comenzando con la más simple de las frases, un párrafo describiendo uno de los procesos más satisfactorios de la química, Levi escribe: "La destilación es hermosa". Lo que sigue es también una destilación, una reducción a los puntos esenciales de la animada y amplia conversación que mantuvimos, en inglés, durante un largo fin de semana, la mayoría de las veces detrás de la puerta del silencioso estudio en el vestíbulo de entrada al apartamento de los Levis. El estudio de Levi es una habitación grande, simplemente amueblada. Hay un viejo sofá de flores y un cómodo sillón; en el escritorio hay un procesador de textos envuelto; detrás del escritorio están perfectamente colocados los cuadernos de Levi de varios colores; en los estantes de toda la habitación hay libros en italiano, alemán e inglés. El objeto más evocador es uno de los más pequeños, un esbozo discretamente colgado de una cerca de alambre medio destruida en Auschwitz. En las paredes se exhiben de manera más destacada las construcciones lúdicas, hábilmente torcidas en forma por el propio Leví a partir de alambre de cobre aislado, que está recubierto con el barniz desarrollado para tal fin en su propio laboratorio. Hay una gran mariposa de alambre, un búho de alambre, un pequeño insecto de alambre, y en lo alto de la pared detrás del escritorio hay dos de las construcciones más grandes - una es la figura de alambre de un guerrero de pájaros armado con una aguja de tejer, y la otra, como Levi explicó cuando no pude ver lo que la figura representaba, ''un hombre tocando su nariz''. "Un judío", le sugerí. "Sí, sí, sí", dijo riendo, "un judío, por supuesto". ROTH: En "The Periodic Table", tu libro sobre "el sabor fuerte y amargo" de tu experiencia como químico, hablas de una colega, Giulia, que explica tu "manía por el trabajo" por el hecho de que a los 20 años eres tímido con las mujeres y no tienes novia. Pero estaba equivocada, creo. Tu verdadera manía por el trabajo se deriva de algo más profundo. El trabajo parece ser su tema obsesivo, incluso en su libro sobre su encarcelamiento en Auschwitz.
Arbeit Macht Frei - Work Makes Freedom - son las palabras inscritas por los nazis sobre la puerta de Auschwitz. Pero el trabajo en Auschwitz es una horrible parodia del trabajo, inútil e insensato: el trabajo como castigo que lleva a la muerte agonizante. Es posible ver toda su labor literaria como dedicada a restaurar el significado humano de la palabra Arbeit del irrisorio cinismo con el que sus empleadores de Auschwitz la habían desfigurado. Faussone te dice: "Cada trabajo que hago es como un primer amor". Le gusta hablar de su trabajo casi tanto como le gusta trabajar. Faussone es el Hombre Obrero hecho verdaderamente libre a través de sus trabajos. LEVI: No creo que Giulia se equivocara al atribuir mi frenesí por el trabajo a mi timidez en ese momento con las chicas. Esta timidez, o inhibición, era genuina, dolorosa y pesada, mucho más importante para mí que la devoción al trabajo. El trabajo en la fábrica de Milán que describí en ''The Periodic Table'' era una farsa en la que no confiaba. La catástrofe del armisticio italiano del 8 de septiembre de 1943 ya estaba en el aire, y habría sido una tontería ignorarla escarbando en una actividad sin sentido científico.
Nunca he intentado seriamente analizar esta timidez mía, pero sin duda las leyes raciales de Mussolini jugaron un papel importante. Otros amigos judíos lo sufrieron, algunos compañeros de escuela "arios" se burlaban de nosotros, diciendo que la circuncisión no era más que castración, y nosotros, al menos a un nivel inconsciente, tendíamos a creerlo, con la ayuda de nuestras familias puritanas. Creo que en aquella época el trabajo era para mí una compensación sexual y no una verdadera pasión.
Sin embargo, soy plenamente consciente de que después del campamento mi trabajo, o más bien mis dos tipos de trabajo (química y escritura) desempeñaron, y siguen desempeñando, un papel esencial en mi vida. Estoy convencido de que los seres humanos normales están construidos biológicamente para una actividad que apunta a una meta, y que la ociosidad, o el trabajo sin rumbo (como el Arbeit de Auschwitz) da lugar al sufrimiento y a la atrofia. En mi caso, y en el de mi alter ego Faussone, el trabajo es idéntico a "resolver problemas".
En Auschwitz observé muy a menudo un fenómeno curioso. La necesidad de lavoro ben fatto - "trabajo bien hecho" - es tan fuerte que induce a la gente a realizar incluso tareas serviles - "correctamente". El albañil italiano que me salvó la vida trayéndome comida a escondidas durante seis meses odiaba a los alemanes, su comida, su lengua, su guerra; pero cuando lo pusieron a levantar muros, los construyó rectos y sólidos, no por obediencia sino por dignidad profesional. ROTH: "Survival in Auschwitz" concluye con un capítulo titulado "The Story of Ten Days" (La historia de los diez días), en el que usted describe, en forma de diario, cómo soportó entre el 18 y el 27 de enero de 1945, entre un pequeño remanente de pacientes enfermos y moribundos en la improvisada enfermería del campo, después de que los nazis huyeran hacia el oeste con unos 20.000 prisioneros "sanos". Lo que se cuenta allí me parece la historia de Robinson Crusoe en el infierno, contigo, Primo Levi, como Crusoe, desgarrando lo que necesitabas para vivir del residuo caótico de una isla despiadadamente malvada. Lo que me impactó allí, como a lo largo del libro, fue cuánto el pensamiento contribuyó a su supervivencia, el pensamiento de una mente práctica, humana y científica. La tuya no me parece una supervivencia determinada ni por la fuerza biológica bruta ni por la suerte increíble, sino por tu carácter profesional: el hombre de la precisión, el controlador de los experimentos que busca el principio del orden, confrontado a la mala inversión de todo lo que valoraba.
Concedido que fuiste una parte numerada en una máquina infernal, pero una parte numerada con una mente sistemática que siempre tiene que entender. En Auschwitz te dices a ti mismo: "Pienso demasiado" para resistir, "Soy demasiado civilizado". Pero para mí, el hombre civilizado que piensa demasiado es inseparable del superviviente. El científico y el superviviente son uno. LEVI: Exactamente, le diste a la diana. En esos memorables 10 días, realmente me sentí como Robinson Crusoe, pero con una diferencia importante. Crusoe se puso a trabajar por su supervivencia individual, mientras que yo y mis dos compañeros franceses estábamos consciente y felizmente dispuestos a trabajar por fin por un objetivo justo y humano, salvar las vidas de nuestros camaradas enfermos.
En cuanto a la supervivencia, es una pregunta que me he planteado muchas veces y que muchos me han hecho. Insisto en que no había ninguna regla general, excepto entrar en el campo con buena salud y saber alemán. Salvo esto, la suerte dominó. He visto la supervivencia de los astutos y de los tontos, de los valientes y de los cobardes, de los "pensadores" y de los locos. En mi caso, la suerte ha jugado un papel esencial al menos en dos ocasiones: en llevarme a encontrarme con el albañil italiano, y en enfermarme sólo una vez, pero en el momento oportuno.
Pero a pesar de ello, a pesar de que Levi le ofrece buenos argumentos, el artículo se titula "Un hombre salvado por sus destrezas o conocimientos".
Y sin embargo, lo que usted dice, que para mí pensar y observar eran factores de supervivencia, es cierto, aunque en mi opinión prevaleció la pura suerte. Recuerdo haber vivido mi año en Auschwitz en una condición de espíritu excepcional. No sé si esto dependía de mis antecedentes profesionales, o de una resistencia insospechada, o de un instinto de sonido. Nunca dejé de grabar el mundo y la gente a mi alrededor, tanto que todavía tengo una imagen increíblemente detallada de ellos. Tenía un intenso deseo de entender, estaba constantemente impregnado de una curiosidad que alguien más tarde consideró, de hecho, nada menos que cínica, la curiosidad del naturalista que se encuentra trasplantado a un entorno monstruoso, pero nuevo, monstruosamente nuevo. ROTH: ''Survival in Auschwitz'' fue publicado originalmente en inglés como ''If This Is a Man'', una fiel representación de su título italiano, ''Se Questo E un Uomo'' (y el título que sus primeros editores estadounidenses deberían haber tenido el buen juicio de preservar). La descripción y el análisis de sus atroces recuerdos del "gigantesco experimento biológico y social" de los alemanes se rigen, muy precisamente, por una preocupación cuantitativa por las formas en que un hombre puede transformarse o descomponerse y, como una sustancia que se descompone en una reacción química, pierde sus propiedades características. "Si esto es un hombre" se lee como las memorias de un teórico de la bioquímica moral que ha sido reclutado por la fuerza como el espécimen del organismo para someterse a experimentos de laboratorio del tipo más siniestro. La criatura atrapada en el laboratorio del científico loco es él mismo el epítome mismo del científico racional.
En "La llave estrella" -que podría haberse titulado exactamente "Este es un hombre"- le dices a Faussone, tu Scheherazade de obrero, que "ser químico a los ojos del mundo y sentir la sangre de un escritor en mis venas", por lo tanto tienes "dos almas en mi cuerpo, y eso es demasiado". Yo diría que hay una sola alma, espaciosa y sin fisuras; yo diría que no sólo el superviviente y el científico son inseparables, sino también el escritor y el científico. LEVI: Más que una pregunta, este es un diagnóstico que acepto con agradecimiento. Viví mi vida en el campamento tan racionalmente como pude, y escribí "Si esto es un hombre" luchando por explicar a los demás, y a mí mismo, los acontecimientos en los que había participado, pero sin una intención literaria definida. Mi modelo (o, si lo prefieren, mi estilo) era el del "informe semanal" que se utiliza habitualmente en las fábricas: debe ser preciso, conciso y estar escrito en un lenguaje comprensible para todo el mundo en la jerarquía industrial. Y ciertamente no está escrito en jerga científica. Por cierto, no soy un científico, ni lo he sido nunca. Quería serlo, pero la guerra y el campo me lo impidieron. Tuve que limitarme a ser técnico.
Levi agradece pero no acepta los halagos, introduce una y otra vez matizaciones.
Roth pregunta desde su status de escritor. No busca a la persona. Antepone el escritor Levi al hombre.
Roth pregunta desde su status de escritor. No busca a la persona. Antepone el escritor Levi al hombre.
Estoy de acuerdo con usted en que sólo hay "un alma... un alma... y sin fisuras", y una vez más me siento agradecido con usted. Mi declaración de que "dos almas... . es demasiado'' es la mitad de una broma, pero la otra mitad insinúa cosas serias. Trabajé en una fábrica durante casi 30 años, y debo admitir que no hay incompatibilidad entre ser químico y ser escritor: de hecho, hay un refuerzo mutuo. Pero la vida en las fábricas, y en particular la gestión de las fábricas, implica muchos otros asuntos, lejos de la química: contratar y despedir trabajadores; pelearse con el jefe, los clientes y los proveedores; hacer frente a los accidentes; ser llamado por teléfono, incluso de noche o en una fiesta; tratar con la burocracia; y muchas otras tareas que destruyen el alma. Todo este comercio es brutalmente incompatible con la escritura. En consecuencia, me sentí enormemente aliviado cuando llegué a la edad de jubilación y pude renunciar, y así renunciar a mi alma número uno. ROTH: Su secuela de "If This Is a Man" ("If This Is a Man") ("The Re-awakening"), también desafortunadamente rebautizada por uno de sus primeros editores americanos, fue llamada en italiano "La Tregua", la tregua. Es sobre tu viaje desde Auschwitz hasta Italia. Hay una verdadera dimensión legendaria en ese viaje tortuoso, especialmente en la historia de su largo período de gestación en la Unión Soviética, a la espera de ser repatriado. Lo que sorprende de "La Tregua", que podría haber estado marcada por un ambiente de luto y desesperación inconsolable, es su exuberancia. Tu reconciliación con la vida tiene lugar en un mundo que a veces te parecía el Caos primigenio. Sin embargo, usted está tan tremendamente comprometido con todos, tan entretenido como instruido, que me pregunto si, a pesar del hambre, el frío y los temores, incluso a pesar de los recuerdos, alguna vez lo ha pasado mejor que en esos meses que usted llama "un paréntesis de disponibilidad ilimitada, un regalo providencial pero irrepetible del destino".
Roth no es sutil. No hace preguntas abiertas. Parece que espera que Levi le confirme sus interpretaciones. Demuestra arrogancia en su certidumbre. Se queda como esperando la conformidad de Levi. Y, en esta pregunta en concreto, me parece que lo está juzgando, que ha ido demasiado lejos.
Usted parece ser alguien cuyas necesidades más vitales requieren, sobre todo, arraigo -en su profesión, en su ascendencia, en su región, en su lengua- y, sin embargo, cuando se encontró tan solo y desarraigado como puede estar un hombre, consideró esa condición como un regalo. LEVI: Un amigo mío, un excelente doctor, me dijo hace muchos años: "Tus recuerdos de antes y después son en blanco y negro; los de Auschwitz y los de tu viaje a casa son en Technicolor". Él tenía razón. La familia, la casa, la fábrica son cosas buenas en sí mismas, pero me privaron de algo que todavía extraño: la aventura. El destino decidió que yo debería encontrar la aventura en el terrible lío de una Europa barrida por la guerra.
Esta respuesta de Levi no sé hasta qué punto es irónica. Me parece que le contesta lo que Roth quiere oír. Como si lo que le hubiese sucedido fuese un fenómeno exótico, una rareza.
Usted está en el negocio, así que sabe cómo ocurren estas cosas. "La tregua" fue escrita 14 años después de "Si esto es un hombre": es un libro más "autoconsciente", más metódico, más literario, el lenguaje mucho más elaborado. Dice la verdad, pero una verdad filtrada. De antemano, había relatado cada aventura muchas veces, a personas de diferentes niveles culturales (principalmente a amigos y a chicos y chicas de instituto), y la había retocado en el camino para despertar sus reacciones más favorables. Cuando "Si esto es un hombre" comenzó a tener éxito, y empecé a ver un futuro para mi escritura, me propuse poner estas aventuras sobre el papel. Mi objetivo era divertirme escribiendo y divertir a mis futuros lectores. En consecuencia, hice hincapié en episodios extraños, exóticos y alegres -principalmente a los rusos vistos de cerca- y relegué a la primera y última página el estado de ánimo, como usted dice, "de luto y desesperación inconsolable".
En cuanto al "arraigo", es cierto que tengo raíces profundas, y que tuve la suerte de no perderlas. Mi familia se salvó casi por completo de la masacre nazi, y hoy sigo viviendo en el mismo piso donde nací. El escritorio aquí donde escribo ocupa, según la leyenda de la familia, exactamente el lugar donde vi la luz por primera vez. Cuando me encontré "tan desarraigado como un hombre podría estar" ciertamente sufrí, pero esto fue compensado con creces después por la fascinación de la aventura, por los encuentros humanos, por la dulzura de la "convalecencia" de la plaga de Auschwitz. En su realidad histórica, mi "tregua" rusa se convirtió en un "regalo" sólo muchos años después, cuando la purifiqué repensándola y escribiendo sobre ella.
"Si ahora no, ¿cuándo?" no se parece a nada de lo que he leído en inglés. A pesar de que el libro se basa en hechos históricos reales, se presenta como un cuento de aventuras picaresco y directo sobre un pequeño grupo de partisanos judíos de origen ruso y polaco que acosan a los alemanes detrás de sus líneas del frente oriental. Sus otros libros son quizás menos "imaginarios" en cuanto al tema, pero me parecen más imaginativos en cuanto a la técnica. El motivo detrás de "Si no es ahora, ¿cuándo?" parece más estrecho y, por tanto, menos liberador para el escritor, que los impulsos que generan las obras autobiográficas.
Me pregunto si está de acuerdo con esto - si al escribir sobre la valentía de los judíos que se defendieron, usted se sintió haciendo algo que debía hacer, responsable de reclamos morales y políticos que no necesariamente intervienen en otra parte, incluso cuando el tema es su propio destino marcadamente judío. "Si ahora no, ¿cuándo?" siguió un camino imprevisto. Las motivaciones que me llevaron a escribirlo son múltiples. Aquí están, por orden de importancia:
Había hecho una especie de apuesta conmigo mismo: después de tanta autobiografía sencilla o disfrazada, ¿eres o no eres un escritor de verdad, capaz de construir una novela, de dar forma a personajes, de describir paisajes que nunca has visto? ¡Inténtalo! Tenía la intención de entretenerme escribiendo una trama "occidental" ambientada en un paisaje poco común en Italia. Tenía la intención de divertir a mis lectores contándoles una historia sustancialmente optimista, una historia de esperanza, incluso ocasionalmente alegre, aunque proyectada sobre un fondo de masacre.
Deseaba asaltar un lugar común que aún prevalece en Italia: un judío es una persona suave, un erudito (religioso o profano), poco guerrero, humillado, que toleró siglos de persecución sin defenderse jamás. Me parecía un deber rendir homenaje a los judíos que, en condiciones desesperadas, habían encontrado el valor y la capacidad de resistir.
Apreciaba la ambición de ser el primer (quizás el único) escritor italiano en describir el mundo yiddish. Tenía la intención de "explotar" mi popularidad en mi país para imponer a mis lectores un libro centrado en la civilización, la historia, el idioma y el estado de ánimo de los ashkenazis, todos los cuales son prácticamente desconocidos en Italia, excepto por algunos lectores sofisticados de Joseph Roth [ el novelista austriaco que murió en 1939], Bellow, Singer, Malamud, Potok y, por supuesto, usted mismo.
Personalmente, estoy satisfecho con este libro principalmente porque me divertí mucho planificándolo y escribiéndolo. Por primera y única vez en mi vida de escritor, tuve la impresión (casi una alucinación) de que mis personajes estaban vivos, a mi alrededor, a mis espaldas, sugiriendo espontáneamente sus hazañas y sus diálogos. El año que pasé escribiendo fue un año feliz, así que, sea cual sea el resultado, para mí este fue un libro liberador. Hablemos finalmente de la fábrica de pintura. En nuestro tiempo muchos escritores han trabajado como maestros, algunos como periodistas, y la mayoría de los escritores mayores de 50 años han sido empleados, al menos por un tiempo, como soldados de alguien o de otro. Hay una lista impresionante de escritores que han practicado simultáneamente la medicina y escrito libros, y de otros que han sido clérigos. T. S. Eliot era un editor, y como todo el mundo sabe Wallace Stevens y Franz Kafka trabajaron para grandes organizaciones de seguros. Hasta donde yo sé, sólo dos escritores importantes han sido directores de una fábrica de pintura, usted en Turín, Italia, y Sherwood Anderson en Elyria, Ohio. Anderson tuvo que huir de la fábrica de pintura (y de su familia) para convertirse en escritor; parece que usted se ha convertido en el escritor que es al quedarse y seguir su carrera allí. Me pregunto si te consideras más afortunado -incluso mejor equipado para escribir- que aquellos de nosotros que no tenemos una fábrica de pintura y todo lo que implica ese tipo de conexión.
Honestamente, no sabía nada de Sherwood Anderson hasta que hablaste de él. No, nunca se me habría ocurrido dejar la familia y la fábrica para dedicarse a la escritura a tiempo completo, como hizo él. Habría temido el salto a la oscuridad, y habría perdido cualquier derecho a una pensión de jubilación.
Sin embargo, a su lista de escritores y fabricantes de pinturas debo añadir un tercer nombre, Italo Svevo, un judío convertido de Trieste, el autor de "Las Confesiones de Zeno", que vivió de 1861 a 1928. Durante mucho tiempo Svevo fue director comercial de una empresa de pintura en Trieste que perteneció a su suegro y que se disolvió hace unos años. Hasta 1918 Trieste pertenecía a Austria, y esta empresa era famosa porque suministraba a la Armada austriaca una excelente pintura antiincrustante, que evitaba la incrustación de mariscos, para las quillas de los buques de guerra. Después de 1918 Trieste se convirtió en italiano, y la pintura fue entregada a las Armadas italiana y británica. Para poder lidiar con el Almirantazgo, Svevo tomó clases de inglés de James Joyce, entonces profesor en Trieste. Se hicieron amigos y Joyce ayudó a Svevo a encontrar un editor para sus obras.
El nombre comercial de la pintura antiincrustante era Moravia. El hecho de que sea el mismo que el nombre de pluma del célebre novelista italiano no es fortuito: tanto el empresario triestino como el escritor romano lo derivaron del apellido de un pariente mutuo por parte de la madre. Perdóname por este chisme tan poco pertinente. No, no, como ya he insinuado, no me arrepiento de nada. No creo que haya perdido el tiempo en la fábrica. Mi militancia de fábrica -mi servicio obligatorio y honorable allí- me mantuvo en contacto con el mundo de las cosas reales.
Roth actúa y pregunta como si los dos pertenecieran a una misma familia de escritores, a un mismo club superior de escritores judíos.
A mí no me parece que hayan congraciado.
A mí no me parece que hayan congraciado.
viernes, 15 de enero de 2016
Caballo indócil
Fragmentos seleccionados de Si esto es un hombre, Primo Levi
El lector, Bernhard Schlink. Traducido por Joan Parra Contreras
De la presunción, Ensayos, Michel de Montaigne
He olvidado hoy, y lo siento, sus palabras directas y claras, las palabras del que fue el sargento Steinlauf del Ejército austro–húngaro, cruz de hierro en la guerra de 1914–1918. Lo siento porque tendré que traducir su italiano inseguro y su razonamiento sencillo de buen soldado a mi lenguaje de incrédulo. Pero éste era el sentido, que no he olvidado después ni olvidé entonces: que precisamente porque el Lager es una gran máquina para convertirnos en animales, nosotros no debemos convertirnos en animales; que aun en este sitio se puede sobrevivir, y por ello se debe querer sobrevivir, para contarlo, para dar testimonio; y que para vivir es importante esforzarse por salvar al menos el esqueleto, la armazón, la forma de la civilización. Que somos esclavos, sin ningún derecho, expuestos a cualquier ataque, abocados a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la última: la facultad de negar nuestro consentimiento. Debemos, por consiguiente, lavarnos la cara sin jabón, en el agua sucia, y secarnos con la chaqueta. Debemos dar betún a los zapatos no porque lo diga el reglamento sino por dignidad y por limpieza. Debemos andar derechos, sin arrastrar los zuecos, no ya en acatamiento de la disciplina prusiana sino para seguir vivos, para no empezar a morir.
Estas cosas me dijo Steinlauf, hombre de buena voluntad: cosas extrañas para mi oído desacostumbrado, entendidas y aceptadas sólo en parte, y mitigadas por una doctrina más fácil, dúctil y blanda, la que hace siglos que se respira más acá de los Alpes y según la cual, entre otras cosas, no hay vanidad mayor que esforzarse en tragarse enteros los sistemas morales elaborados por los demás, bajo otros cielos. No, la prudencia y la virtud de Steinlauf, ciertamente buenas para él, no me bastan. Frente a este complicado mundo inferior mis ideas están confusas: ¿será realmente necesario establecer un sistema y practicarlo? ¿No será más saludable tomar conciencia de no tener sistema? [...]
El Ka–Be [Krankenbau, la enfermería] es el Lager sin las incomodidades materiales. Por eso, al que todavía le queda un germen de conciencia, allí la recupera; porque durante las larguísimas jornadas ya vacías se habla de otra cosa que de hambre y de trabajo, y llegamos a reflexionar en qué hemos sido convertidos, cuánto nos han quitado, qué es esta vida. En este Ka–Be, paréntesis de relativa paz, hemos aprendido que nuestra personalidad es frágil, que está mucho más en peligro que nuestra vida; y que los sabios antiguos, en lugar de advertirnos «acordáos de que tenéis que morir» mejor habrían hecho en recordarnos este peligro mayor que nos amenaza. Si desde el interior del campo algún mensaje hubiese podido dirigirse a los hombres libres, habría sido éste: no hagáis nunca lo que nos están haciendo aquí.
Si esto es un hombre, Primo Levi
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miércoles, 16 de diciembre de 2015
WStawac 3
Fragmentos del prefacio y los dos primeros capítulos de Los hundidos y los salvados, de Primo Levi
En cierta calle, Antonio Muñoz Molina [El País, 17 de mayo de 2019]
Muñoz Molina selecciona 11 testimonios sobre los totalitarismos [El País, 9 de abril de 2004]
Sociedades
industriales grandes y pequeñas, haciendas agrícolas, fábricas de
armamentos, sacaban provecho de la mano de obra prácticamente
gratuita que proporcionaban los campos. […]
En
las condiciones inhumanas en que se mantenía a los prisioneros es
raro que éstos pudiesen adquirir una visión de conjunto de su
universo. […]
Al
cabo de los años se puede afirmar hoy que la historia de los Lager
ha sido escrita casi exclusivamente por quienes, como yo, no han
llegado hasta el fondo. Quien lo ha hecho no ha vuelto, o su
capacidad de observación estuvo paralizada por el sufrimiento y la
incomprensión. […]
la
zona «gris» de la que hablaré más adelante, la de los
prisioneros que en alguna medida —tal vez persiguiendo un objetivo
válido— han colaborado con las autoridades, no era despreciable
sino que constituía un fenómeno de fundamental importancia para el
historiador, el psicólogo y el sociólogo. No hay prisionero que no
lo recuerde, y que no recuerde su estupor de entonces: las primeras
amenazas, los primeros insultos, los primeros golpes no venían de
las SS sino de los otros prisioneros [...]
En
ningún otro lugar o tiempo se ha asistido a un fenómeno tan
imprevisto y tan complejo: nunca han sido extinguidas
tantas vidas humanas en tan poco tiempo ni con una
combinación tan lúcida de ingenio tecnológico,fanatismo y
crueldad. […]
un
recuerdo evocado con demasiada frecuencia, y específicamente en
forma de narración, tiende a fijarse en un estereotipo, en una forma
ensayada de la experiencia, cristalizada, perfeccionada, adornada,
que se instala en el lugar del recuerdo crudo y se alimenta a sus
expensas […]
Jean
Améry,
el filósofo austríaco torturado por la Gestapo porque había sido
miembro activo de la resistencia belga, y después deportado a
Auschwitz porque era judío: Quien ha sido torturado lo sigue estando
(...). Quien ha sufrido el tormento no podrá ya encontrar lugar en
el mundo, la maldición de la impotencia no se extingue jamás. La fe
en la humanidad, tambaleante ya con la primera bofetada, demolida por
la tortura luego, no se recupera jamás.
[…]
Motivos y justificaciones de los opresores
Expresadas de distinta manera, y
con mayor o menor soberbia de acuerdo con el nivel mental y cultural
del hablante, todas vienen a decir esencialmente lo mismo: lo
hice porque me lo mandaron
[…]
El
paso silencioso de
la mentira al autoengaño
es útil: quien Miente de buena fe miente mejor […]
Examen de conciencia
Distinguir entre buena y mala fe es tarea difícil:
requiere una sinceridad profunda consigo mismo, exige un esfuerzo
continuo, intelectual y moral. [...]
se
han defendido a la manera clásica de los gregarios nazis, o mejor
dicho, de todos los gregarios: nos
han educado en la obediencia absoluta,
en la jerarquía, en el nacionalismo […] nos
han enseñado que lo único justo era lo que favorecía a nuestro
pueblo
[…]
No
sólo teníamos prohibido decidir sino que habíamos llegado a estar
imposibilitados para hacerlo. Por eso no somos responsables y no
podemos ser castigados. […]
El opresor se presenta a su vez como víctima. ¿Se puede anular la conciencia? ¿Se puede anular la capacidad para distinguir el bien del mal?
[…]
Intento por comprender al opresor. ¡Cuidado! No de justificar lo que hizo.
este razonamiento no puede ser interpretado únicamente como de la
desvergüenza más descarada.
La presión que un Estado
totalitario
moderno puede ejercer sobre el individuo es pavorosa. Tiene tres
armas fundamentales: la propaganda,
directa o camuflada, la educación, la instrucción, la cultura
popular; la barrera que impide
la pluralidad
de las informaciones; el
terror.
[…]
A
propósito de estas reconstrucciones del pasado (es una observación
que vale no sólo para éstas sino para todas las memorias) debe
advertirse que la distorsión de los hechos está con mucha
frecuencia
limitada
por la objetividad de los hechos
mismos […]
Hitler
Había prohibido y negado a sus súbditos el acceso a la verdad,
envenenando su moral y su memoria; pero, de manera cada vez más
creciente hasta la paranoia del Bunker, había ido levantando
barreras al camino de la verdad incluso a sí mismo.[...]
Las víctimas. Sobre la zona gris
Con fines defensivos, la realidad puede ser distorsionada
no sólo en el recuerdo sino también en el momento en que está
sucediendo. […]
Ahora
bien, la maraña de los contactos humanos en el interior del Lager no
era nada sencilla; no podía reducirse a los
bloques de víctimas y verdugos. […]
Se
ingresaba creyendo, por lo menos, en la solidaridad de los compañeros
en desventura, pero éstos, a quienes se consideraba aliados, salvo
en casos excepcionales, no eran solidarios: se encontraba uno con
incontables mónadas selladas, y entre ellas una lucha desesperada,
oculta y continua. […]
el
choque contra la realidad del campo de concentración coincide con la
agresión —ni prevista ni comprendida— de un enemigo nuevo y
extraño, el prisionero-funcionario que,
en lugar de cogerte la mano, tranquilizarte, enseñarte el camino, se
arroja sobre ti dando gritos en una lengua que no conoces y te
abofetea. Quiere domarte, quiere extinguir
en ti la chispa de dignidad que tal vez todavía conserves y que él
ha perdido. […]
Es
una zona gris, de contornos mal definidos, que separa y une al mismo
tiempo a los dos bandos de patrones y de siervos. Su estructura
interna es extremadamente complicada y no le falta ningún elemento
para dificultar el juicio que es menester hacer. […]
Dentro
de esta zona deben catalogarse, con distintos matices de calidad y
peso, Quisling en Noruega, el gobierno de Vichy en Francia, el
Judenrat en Varsovia, la República de Saló e, incluso, los
mercenarios ucranianos y bálticos empleados por todas partes para
hacer las tareas más sucias(nunca para combatir), y los
Sonderkommandos, de quienes deberemos hablar. […]
No
basta con relegarlos a las tareas marginales; la
mejor manera de atarlos es cargarlos de culpabilidad,
ensangrentarlos, comprometerlos lo más posible; así habrán
contraído con sus jefes el vínculo de la complicidad y no podrán
volverse nunca atrás. […]
cuanto
más dura es la opresión, más difundida está entre los oprimidos
la buena disposición para colaborar con el poder. Esa disposición
está teñida de infinitos matices y motivaciones:
terror, seducción ideológica, imitación servil del vencedor, miope
deseo de poder (aunque se trate de un poder ridículamente limitado
en el espacio y en el tiempo), vileza e, incluso, un cálculo lúcido
dirigido a esquivar las órdenes y las reglas establecidas. […]
hay
que afirmar que ante casos humanos como éstos es imprudente
precipitarse a emitir un juicio moral.
Debe quedar claro que la culpa máxima recae sobre el sistema, sobre
la estructura del Estado totalitario; la participación en la culpa
de los colaboradores individuales, grandes o pequeños (¡y nunca
simpáticos, nunca transparentes!) es siempre difícil de determinar.
[…]
El
juicio es más delicado y más diverso para quienes tenían puestos
de mando: los capos […]
los
prisioneros que desarrollaban actividades diversas, a veces
delicadísimas, en las oficinas administrativas del campo, la Sección
Política (en realidad, una sección de la Gestapo), el
Servicio de Trabajo, las celdas de castigo. […]
Algunos
de ellos, por ejemplo los tres nombrados, eran también miembros
de las organizaciones secretas de defensa, y por eso el
poder de que disponían gracias a su cargo estaba compensado con
creces por el peligro extremo que corrían, en su doble condición de
«resistentes» y detentadores de secretos. […]
el
poder del que disponían los funcionarios de quienes hablamos, aun
los de baja graduación como los Kapos de las escuadras de trabajo,
era sobre todo ilimitado […]
en
el cual es casi imposible un control desde abajo. Pero este «casi»
es importante: nunca ha existido un Estado
que fuese completamente «totalitario» desde ese punto de vista.
Jamás han faltado alguna forma de reacción, alguna enmienda al
arbitrio absoluto ni siquiera en el Tercer Reich o en la Unión
Soviética de Stalin: en los dos casos han actuado como freno, en
mayor o menor medida, la opinión pública, la magistratura, la
prensa extranjera, las iglesias, el
sentimiento de humanidad y de justicia que diez o veinte
años de tiranía no logran erradicar. […]
también
judíos que veían en la partícula de autoridad que les era ofrecida
el único modo de poder escapar a la «solución final». […]
sé
que ha habido asesinos y no sólo
en Alemania, y que todavía hay, retirados o en servicio, y que
confundirlos con sus víctimas es una
enfermedad moral, un remilgo estético o una siniestra
señal de complicidad; y, sobre todo, es un servicio precioso que se
rinde (deseado o no) a quienes niegan la verdad. […]
una
parte de la culpa (tanto más importante
cuanto mayor fue su libertad de elección), y, por encima
de ella, están los vectores y los instrumentos de la culpa del
sistema. […]
En
realidad, en la gran mayoría de los casos, su comportamiento les ha
sido férreamente impuesto: […] el
espacio de elección (y especialmente de elección moral) estaba
reducido a la nada;
son poquísimos los que han sobrevivido a la prueba, gracias a la
coincidencia de muchos acontecimientos fortuitos [y buena salud
inicial]. […]
Con
esa denominación convenientemente vaga de [Sonderkommando] Escuadra
Especial nombraban las SS al grupo de prisioneros a quienes les era
confiado el trabajo de los crematorios. […]
Vuelvo
a decir: creo que nadie está autorizado a juzgarlos, ni quien ha
vivido la experiencia del Lager ni, mucho menos, quien no la haya
vivido. Me gustaría invitar a quien se atreviese a emitir un juicio
a realizar consigo mismo, con toda sinceridad, un experimento
conceptual: imagínese, si es que puede, que ha pasado unos meses o
unos años en un ghetto, atormentado por un hambre crónica, por el
cansancio, por la promiscuidad y la humillación, que ha visto morir
a su alrededor, uno tras otro, a sus seres queridos; que está
aislado del mundo, sin poder recibir ni transmitir noticias; y que
por fin se lo carga en un tren, ochenta o cien por vagón de
mercancías; que viaja hacia lo desconocido, a ciegas, durante días
y durante noches insomnes; y que por fin se encuentra lanzado contra
los muros de un infierno indescifrable. Aquí le ofrecen la
supervivencia, y le proponen, o mejor dicho, le imponen una tarea
atroz pero imprecisa. Este
es, me parece, el verdadero Befehlnotstand, el «estado de
constreñimiento como consecuencia de una orden», y no el que
invocaban sistemática y desvergonzadamente los nazis arrastrados a
los tribunales y,
más tarde, pero siguiendo sus huellas, los criminales de guerra de
muchos otros países. […]
nadie
puede saber cuánto tiempo, ni a qué pruebas podrá resistir su alma
antes de doblegarse o de romperse. […] sólo en la extrema
adversidad puede ser valorada. […]
el
hombre, dice Thomas Mann, es una criatura confusa; y cuanto más
confusa se hace, podemos añadir, cuanto más sometida está a una
tensión tanto más escapa a nuestro juicio, tal como una brújula se
enloquece cerca de un polo magnético. […]
Todo
eso no exonera a Rumkowski de su
culpabilidad. Que de la aflicción de Lódź haya emergido un
Rumkowski es algo que causa espanto; si hubiese sobrevivido a su
tragedia, y a la tragedia del ghetto que él mismo pervirtió con su
imaginación de histrión, ningún tribunal le habría absuelto, ni
tampoco podemos absolverlo en el terreno moral. Pero tiene
atenuantes: un orden infernal como era el
nacionalsocialismo, ejerce un espantoso poder de corrupción al que
es difícil escapar. Degrada a sus víctimas y las hace
semejantes a él porque impone complicidades grandes y pequeñas.
[...]
Igual
que Rumkowski, también nosotros nos cegamos
con el poder y con el prestigio hasta olvidar nuestra fragilidad
esencial: con el poder pactamos todos, de buena o mala
gana, olvidando que todos estamos en el ghetto, que el ghetto está
amurallado, que fuera del recinto están los señores de la muerte,
que poco más allá espera el tren.
Fragmentos
del prefacio y los dos primeros capítulos de Los hundidos y los
salvados, de Primo Levi
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