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martes, 29 de septiembre de 2015

Tal vez uno solo, donde algo pasa

Cuando un hombre sale de una habitación deja todo detrás, cuando una mujer lo hace lleva todo lo ocurrido en esa habitación con ella


"Juro que lo intenté", […] "¿Has notado el sobrepeso de la mayor parte de la gente por aquí? Es un verdadero problema y no lo entiendo, porque es gente de campo muy trabajadora, nada sedentaria", dice coqueta, consciente de su figura perfecta.

"Cuando dije lo de abandonar –insiste, vestida con sedas orientales– sinceramente lo creía. El trabajo me estaba resultando demasiado duro y pensé que me había llegado la hora de llevar la vida de una señora normal. ¡Y lo hice! Por unos seis meses. Salí a almorzar con amigas, me dediqué a la jardinería, a la caridad. Fue horrible. Después me di cuenta de que ya no sirvo para una vida normal: he escrito tantos años que no sé hacer nada más".

En efecto, Munro, nacida en un pueblo cercano en 1931, en una familia de
granjeros emigrados de Escocia, estrictos presbiterianos, escribe desde su adolescencia. A los 20 y poco estaba casada con su primer marido, con dos bebés, un tercero en camino y una carrera literaria avanzada.

"Mirá, los bebés finalmente dormían la siesta, quisieran o no, y entonces yo me ponía a escribir.
No estaba pensando en ellos. Estaba pensando en mí. Quizá habrían sido más felices si yo les hubiese dedicado más tiempo y menos a mi literatura, no lo sé. Pero para mí no era una opción, sentía que tenía que luchar por ese espacio propio donde no era ni mujer ni madre. Hoy todavía me escapo al mismo sillón donde desarrollo mi vida espiritual. Pero, claro, ya no soy joven. Un tema duro para artistas y escritores es que los poderes intelectuales o creativos se debilitan. ¿Qué hace uno entonces si no escribe? Yo no pude encontrar la respuesta", subraya.

Su próximo libro, adelanta, se llamará ‘Demasiada felicidad’. "Ya tengo casi todos los cuentos listos, espero que los lectores no los encuentren demasiado lúgubres. No los pensé de esa manera. Pero
por lo que yo sé de la vida, siempre es dura", subraya.

El título responde a una frase de Sonia Kovalevski, célebre matemática y novelista rusa del siglo XIX. "Estaba buscando en la enciclopedia otra cosa –confiesa– y encontré la historia de esta mujer, que me fascinó. Murió apenas pasados los 40 años, después de una vida trágica y dura porque,
si bien todos la festejaban por ser tan brillante y linda, no le dejaban enseñar en casi ningún lugar de Europa por ser mujer. Murió por una enfermedad tonta,cuando justo había logrado comprometerse con el hombre que le iba a permitir seguir siendo matemática. De ahí sus últimas palabras: "Demasiada felicidad".

¿Es muy distinta la escritura de cuentos de la de novelas?

No tengo la menor idea. Adoraría escribir ahora una novela, pero el cuento resulta la forma en la que me siento cómoda. Yo siempre pensé que iba a ser novelista.
Me decía que cuando mis chicos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa. Igual debo aclarar que las novelas que más me gustan son las cortas. Mi marido está releyendo el ‘Ulises’, libro grueso si los hay, y todas las noches, cuando me lee un poquito en voz alta, yo pienso, "Qué audaz que soy, cómo tengo el coraje de llamarme escritora cuando alguien escribió esa maravilla". Pero supongo que hay que seguir adelante con lo único que uno sabe hacer, ¿no?


Entrevista a Alice Munro, 27 de mayo de 2009
Entrevista a Alice Munro por Lisa Dickler Awano [The Virginia Quarterly Review , 18 de octubre de 2013]. Traducción: Jaime Arrambide.
Entrevista a Alice Munro como discurso de aceptación del Nobel.
Entrevista a Alice Munro, Lisa Allardice [Especial para The Guardian y Clarín, 9 de diciembre de 2013]. Traducción de Joaquín Ibarburu





martes, 6 de agosto de 2013

Ni aunque lo tuviera delante de las narices

-¿Cómo iba Lillian a reconocer un cuello de zorro plateado ni aunque lo tuviera delante de las narices?




Fragmentos comentados de Corrie; Mi vida querida (Dear Life), Alice Munro
Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino
No te recomiendo que sigas leyendo si no has leído antes el relato completo
Corrie, Alice Munro [The New Yorker, 4 de octubre de 2010]
No es bueno que todo el dinero se concentre en una sola familia, como pasa en este pueblo –dijo el señor Carlton. Para una chica como mi hija Corrie sin ir más lejos. Para ella, por ejemplo. No es bueno. No hay nadie a la altura.



Excelente comienzo. La principal desventaja del privilegio de ser rico. Presupone que todos los que pretendan casarse con su hija lo harán por interés. ¿A qué altura se refiere, económica o moral?. Lo interesante es por qué realiza esta declaración delante de su invitado y de su propia hija.
Howard Ritchie y, aunque fuera solo unos años mayor que ella, ya tenía esposa e hijos pequeños, como el padre había averiguado inmediatamente.


Al señor Carlton no se le escapa nada. De no haber estado casado, ¿no lo habría llevado a su casa? ¿La declaración es una advertencia, un presentimiento? Una manera de decirle: “No soy tan tonto como crees”. Al mismo tiempo, es una manera de expresar lo que siente por su hija
[Corrie] No era una mujer blanda.
Howard Ritchie imaginó que pasaba mucho tiempo jugando al golf y al tenis. A pesar de que parecía deslenguada, intuyó que en el fondo tenía una mentalidad convencional.
[Howard Ritchie ] Se encargaba de restaurar el campanario de la iglesia anglicana del pueblo
[El señor Carlton] Pertenecía a la iglesia metodista y era metodista hasta los tuétanos […] pero no se podía consentir que una iglesia tan magnífica se viniera abajo. Inútil esperar que los anglicanos pusieran remedio: eran protestantes irlandeses de baja estofa […] No tenían los cuartos, desde luego.



Paralelismo entre la iglesia y su hija Corrie.
A mediados de los años cincuenta
Señorita rica consentida. Qué pocos modales. [La impresión que causa en Howard]
De buenas a primeras la chica le preguntó qué pensaba del primer ministro de Saskatchewan, Tommy Douglas.
Howard dijo que su mujer lo apoyaba. En realidad, a su mujer le parecía que Douglas no era lo bastante progresista.


Chocante que dé la opinión de su mujer y no la suya propia. Da a entender o quiere dar a entender que él es más conservador que su esposa. ¿Hay alguna intención en eso aparte de dejar patente que él y su esposa no están de acuerdo en todo?
Howard confirmó lo que hasta entonces no sabía con certeza. Era coja de una pierna.
-Ahora hemos de ver la puesta de sol […]
La chica señaló una vieja silla de cocina, […] y le ordenó que se sentara allí.

Parece que es ella quien dirija la situación. ¿Él no la está poniendo a prueba?
-Me voy a Egipto la semana que viene. […] ¿Crees que será divertido?
-Yo tengo que ganarme la vida.
Seguro que acabaría entre las zarpas de un cazafortunas, o de un egipcio, o a saber.
Parecía audaz y pueril al mismo tiempo. Al principio quizá un hombre se sintiera fascinado por ella, pero acabaría por cansarse de su descaro, su aire de suficiencia, si eso es lo que era.
También había dinero, por supuesto, y de eso hay hombres que no se cansan nunca.



¿Coincide con la declaración inicial del señor Carlton? Una joven incauta que pronto será víctima de interesados. La candidez. 

-No menciones lo de mi pierna delante de papá


Obediente y sumisa. No se rebela ante la declaración del padre. No muestra disgusto ni enfado.
Howard se había preguntado cómo reaccionaría en la cama al ver el pie, pero en cierto modo se le antojó más atractivo, más único, que el resto de ella.

¿Le pareció una chica corriente sin ningún atractivo especial? ¿del todo previsible? ¿sin esconder ninguna maldad?
Había consentido todo lo que el profesor de piano quiso porque le daba pena la gente que deseaba algo con tanta desesperación.


Cree que está ofendiendo a Howard pero está haciendo toda una declaración de principios.
-¿Los demás también deberían comportarse así contigo: Sentir pena y seguirte el juego y aceptar tus caprichos? ¿Dónde queda la máxima “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”?
[Howard] Se había criado en un ambiente religioso a ultranza y todavía creía en Dios, hasta cierto punto. A su mujer se lo ocultaba, porque con lo progresista que era lo habría tomado a broma.

¿Qué significa “creer en Dios hasta cierto punto”? Es una expresión cómica. Crees o no. Tampoco es una cuestión donde interviene la voluntad ni tiene que ver con el progresismo.
Uno termina por confundir a la Iglesia con Dios y a la fe con la afiliación a un partido político.
Ella, en cambio, nunca había tenido tiempo para Dios, porque con su padre apenas daba abasto

Estupenda frase. Me recordó: Yo creía que mi padre era Dios.
Aquí viene el nudo del relato
¿Por qué se casó Howard con su mujer? ¿Fue un matrimonio por interés?
Howard dice que su mujer se había burlado de las ideas políticas del anfitrión y anfitriona de la velada. Gente a la que no soportaba. Se había puesto el maravilloso abrigo heredado para no ser menos.
¿Y tú, Howard? ¿También te burlaste tú? ¿por qué te escondes detrás de lo que dice o hace tu mujer?

Es una señal de que debemos dejarlo. […] Los viejos cuentos sobre el pecado. El mal.
Corrie les hablaba del respeto de los bienes públicos, y a veces el libro acababa apareciendo en la taquilla de devoluciones de la biblioteca.
Corrie le pidió que se ocupara de los jardines de su casa


A un empleado del Ayuntamiento que se ocupa de cortar el césped en los jardines públicos. Un claro ejemplo de cinismo.
¿Y quién iba a buscarse una amante madura que renqueaba de un pie?
felicitándose por no necesitar estímulos extravagantes. Eso era para la gente casada. [¡!]


Víctima de sus prejuicios
Con el dedo en El gran Gatsby
La iglesia unida y la presbiteriana resistían a duras penas; la iglesia anglicana había cerrado hacía siglos. ¿Era allí adonde había ido a parar todo el mundo?
La pérdida de la fe está ahí mismo, ¿no? Ellos no lo saben, pero lo delatan.


En paralelo la pérdida de la fe y la pérdida de confianza en un amante, la deslealtad

Nunca se había parado a pensar cuánto le pesaba todo aquello, escribió, pero ahora se daba cuenta. […] Era la desazón, el saber que no estaban del todo a salvo.
La cuestión era si Howard habría revisado el buzón para ver si habían retirado el dinero de la última entrega.
Siempre hay una mañana en que uno se da cuenta de que todos los pájaros se han ido.


Excelente, porque sin duda Corrie tenía la cabeza llena de pájaros.
Corrie tiene una certeza. Le ha venido a la mente mientras dormía.
Hay una cavidad en todas partes, sobre todo en su pecho.
Descubre que para exponer la realidad en ese momento hay que rehacerlo todo.

Muy filosófico. Repensar. Suspender el juicio. Epojé

Demasiado tarde para otra cosa. Cuando podría haber sido peor; mucho peor.

Nos propone que imaginemos lo peor que podría haber pasado.
¿La clave está en el Gran Gatsby?
¿Seguir con las apariencias fingiendo que no sabe nada, que nunca ha dudado?
Corrie; Mi vida querida, Alice Munro
Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino

Este relato tiene mucho que ver con La corista, de Anton Chejov. Ver el post "El miedo no la dejaba comprender" en este mismo blog. 

viernes, 2 de agosto de 2013

Podemos hablarlo en otro momento






Amundsen, Mi vida querida, Alice Munro. Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino.
No sigas leyendo si no conoces el relato.
Amundsen, Alice Munro , The New Yorker, 27 de agosto de 2012


La quietud y la inmensidad de un hechizo.

-No estoy de visita –le dije. Soy la maestra.
-Por cómo estabas ahí plantada, parecía que te habías perdido.
Le dije que me había detenido porque era precioso.
-Habrá quien lo crea. A menos que estén muy enfermos o muy ocupados.

-Estoy esperando a que me reciba el doctor Fox

-No sé para qué te han metido aquí, se te congelará el culo. Uy, perdón. [Mary]

Cuando hacía primaria, Reddy [el doctor Fox] convenció a la maestra del pueblo de que me dejara pasar mucho tiempo en casa, para hacerle compañía a Anabel.

-Ya ha conocido a Mary –dijo. Tiene mucha labia. No está en su clase, así que no tendrá que soportarla a diario. Con ella no hay medias tintas: o la adoras, o no la soportas.



¿Y cuál es su caso? -me habría preguntado yo. Por el comentario, me inclino más bien por lo segundo.

A primera vista me pareció que sería entre diez y quince años mayor que yo, y al principio me habló como lo haría un hombre de más edad. Un jefe que trata de calar a su futura empleada.

A mí me parece que nunca abandona el tono autoritario. Se comporta con mucha soberbia.

Quería saber qué me parecía la idea de vivir allí arriba, en los bosques, viniendo de Toronto, si no me aburriría.

-Es como…es como estar en una novela rusa.


Doctor Zhivago

Me enfadé y me sentí humillada, porque mi intención no había sido lucirme. O no solamente. Había querido expresar el efecto maravilloso que me había provocado aquel paisaje.

Evidentemente era de esas personas que tendían trampas con las preguntas.

-Ya, ya sé. Ha leído La montaña mágica.
Soltó otra trampa, que pareció infundirle nuevas energías. Quiero creer que las cosas han avanzado un poco desde entonces.



¿qué cosas? ¿en qué sentido? ¿se refiere al progreso?


A veces comía en el comedor con las enfermeras, donde se le servía un banquete especial, y aguaba la fiesta. Por lo general se quedaba en sus dependencias.

A mí no me hacían ni caso. […] No es que fueran groseras


No encaja en ningún círculo: ni en el de las enfermeras ni en el de las auxiliares. Se siente fuera de sitio, viviendo en el lugar equivocado. La soledad lleva de la mano a la imaginación y la fantasía.


Solo descartaban todo lo que pasara en otros lugares, o en otras épocas, o que tuviera que ver con desconocidos. Era una lata y un fastidio. A la menor oportunidad quitaban las noticias de la radio e intentaban poner música.

Ni a las enfermeras ni a las auxiliares les gustaba la CBC, la emisora que desde pequeña había creído que llevaba la cultura al interior del país. Aún así, al doctor Fox le tenían un respeto reverencial, porque había leído muchos libros.

El reto es mantenerse entre el estímulo y el aburrimiento. El aburrimiento es la condena de la hospitalización. [Doctor Fox]

Aunque eran críos tranquilos y de trato fácil, no mostraban especial interés en nada.



Pues habrá que buscarles algún interés, entonces. Motivarles. Hacerles salir de la apatía

Enseguida se había dado cuenta de que aquella era una escuela de mentirijillas, donde no se les exigía aprender nada. [Esa libertad no les subía los humos, no los aburría hasta ningún extremo preocupante, tan solo los volvía dóciles y lánguidos]. […]
Había una sombra de derrota sobre el aula improvisada.

Decidí seguir las palabras del doctor al pie de la letra. O al menos en parte, como con aquello de que el aburrimiento era el enemigo.

Pensé que los animaría reencontrarse con las cosas que sabían, como viejos conocidos.

Planteado como un juego, funcionaba.

Así, a través del absurdo, acabó conquistando la clase. Todo el mundo empezó a articular palabras mudas.





Me parece una falta de respeto. Él no le da su sitio. No permite que ella actúe de forma independiente. Cuestiona su método, pero no de una forma directa. Actúa como un prestidigitador o un mago. Los adolescentes o las personas que no tienen formado un carácter son muy influenciables, muy dóciles y obedientes. Él actúa como si estuviera a la vuelta de todo. No se deja conquistar por ella en ningún sentido.

Luego se disculpó conmigo por interrumpir la clase. Comencé a explicarle mis razones para tratar de hacer algo más parecido al colegio de verdad.


Me pone de mal humor. ¿Ella está tratando de justificar su comportamiento [el del doctor]? No es ella quien tiene que dar explicaciones. Ella debería mostrarse enfadada porque él está tratando de rebajarla ante los alumnos.
Si está en desacuerdo con su método, ¿no deberían discutirlo fuera de clase?
En cualquier caso, ¿es asunto de un médico decidir un método pedagógico?]

-Los notaba un poco apáticos.



Cualquiera puede ver que no hay empatía entre el doctor y la maestra.
En circunstancias como éstas, ¿uno puede enamorarse del otro?
Supongo que es necesario un ejercicio importante de la imaginación.


Podemos hablarlo en otro momento


Una de mis frases favoritas. Cuando ha llegado el momento de hablar de lo importante, posponerlo.

Ese momento, pensé, no llegará nunca.
Era obvio que, además de tonta, me tomaba por una latosa.


¿Puedes enamorarte de alguien que crees [sabes] que tiene un juicio así sobre ti?
Lo que parece seguro es que el doctor no muestra ningún interés por conocer la opinión de la maestra, por llegar a ella, por cambiar las cosas.
A ella sólo le queda aceptar lo que él propone, sin cuestionar nada. En un plano profesional y personal. Aceptar su soledad o marcharse.

Al ver que mi enojo no estaba justificado, me sentí aún más tonta.

Hay un intento de bajarle los humos, de hacer que no se dé aires, de ningunearla.
Me ha recordado algo reciente que he leído:

El desánimo resta vitalidad, y acaso rebaja las defensas. Quita ganas de luchar y de vivir, sin que apenas nos demos cuenta. Agota, consume fuerzas. Las preocupaciones y los temores nos hacen más débiles, no me cabe duda de eso, y la falta de horizontes apaga poco a poco cualquier brío. […]
En la reciente película Hannah Arendt, de Margarethe Von Trotta, la filósofa explica a sus alumnos cuál fue la máxima perversión de los nazis: hacer creer a las personas –sobre todo a los judíos, alemanes o no– que eran superfluas, que su trabajo no servía de nada aunque tuvieran que seguir haciéndolo. Nada mina tanto las energías como eso: sentirse inútil, improductivo, innecesario, sobrante, prescindible, un estorbo. Sentir que la propia desaparición no altera nada o incluso resulta beneficiosa para los que mandan.[Javier Marías, La zona fantasma, 28 de julio de 2013]

A mi madre nunca le gustó que me juntara con niños con tuberculosis, pero Reddy la había convencido diciéndole que se encargaría de que dejara de verla llegado el momento. Y cuando lo hizo me puse hecha una furia, aunque de todos modos con Anabel ya no me podía divertir, estaba demasiado enferma. [Mary]



¿No abusa el doctor Fox de su autoridad como médico? Utiliza a las personas como medios, no como fines. Eso es lo que Mary ha aprendido de él.
Con Anabel ya no me podía divertir. ¿Un amigo está para eso?


Me pareció que se le ocurrió de improviso invitarme
Quizá se sentía obligado
-[Comprar la entrada] No significa que haya que ir.



¿Y los sentimientos de Mary?
-Así ya tiene una excusa. Ya podrá no sentirse en compromiso con Mary.



¿Y con él? ¿Tiene que sentirse comprometida con él? ¿Le deja la opción de rechazar su ofrecimiento?
 ¿Y qué le hace pensar [engreído] que se siente comprometida con Mary y no iría por gusto? ¿por qué iba a preferir cenar con él?
A estas alturas del cuento, tengo al doctor Fox atravesado en la garganta.
No me gustan las personas así.
Esas personas que te miran y creen que saben lo que estás pensando y se permiten el lujo de decírtelo. Así son de arrogantes. Sé cómo eres y sé lo que piensas y lo que vas a hacer y que te vas a equivocar y por qué no, mejor, haces esto otro, no es que yo tenga ningún interés especial por dirigir tu vida, pero veo que tú necesitas que te conduzcan, porque estás como perdida y no sabes lo que haces.

H.M.S. Pinafore, o The Lass that Loved a Sailor (La muchacha que amaba a un marino), es una ópera cómica en dos actos, con música de Arthur Sullivan y libreto de W. S. Gilbert.

Llevaba mi mejor vestido
Esperé más allá de la hora convenida
No se ofreció a darme el brazo
No hace falta que me ayude, prefiero cocinar solo.
Libros que hablaban de alguien ávido de conocimiento [pero no de sentimientos].
La presencia de ese hombre nunca me haría sentir cómoda, ni antes ni después; siempre sería un placer tenso y enervante, más que gozoso.

Yo nunca hablo por hablar
A ver si vas a vivir tu vida en función de Mary –me reprochó.
Esta vez me dejó ayudarlo en la cocina, incluso me pidió que pusiera la mesa.


Él quiere imponer su dirección y nada mejor que dejar clara la arbitrariedad de las normas.
Ambas queríamos sólo una cosa. Queríamos que el doctor volviera y dejara de ignorarnos. Que dijera, aunque a desgana, una palabra de cortesía.

No dije nada. Mary no me miró ni una sola vez. Era un momento demasiado tenso para despedidas.

Somos testigos de la crueldad y frialdad hacia otras personas y no reaccionamos.
No comprendo cómo puede sentirse halagada y pensar que lo hizo por ella.
¿Por qué no dijo nada? ¿Por qué no la defendió? ¿Por qué permitió que la ofendiese?
¿Por qué no se puso en su lugar? ¿Por qué no se marchó a casa? ¿Por qué no discutieron sobre ello cuando él regresó?
¿Qué ha sacado Mary de todo esto? ¿Qué lección ha aprendido? ¿Qué la mujer debe rebajarse?
Amundsen, Mi vida querida, Alice Munro. Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino.

jueves, 1 de agosto de 2013

Ideas que preferirían no tener


Fragmentos de Noche, Mi vida querida; Alice Munro
Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino
Fragmentos de Voces, Mi vida querida, Alice Munro
Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino




Haber sido tocado por el ala de la mortalidad distinguía, aun fugazmente, del resto, en una época de la vida en que tal cosa podía llegar a ser grata. […] No creo que se me pasara por la cabeza pensar cómo iba a pagar mi padre esta distinción. [Creo que tuvo que desprenderse de una parcela de bosque […]
No creo que hoy en día pueda hacerse una revelación como esa sin alguna clase de pregunta, alguna tentativa de esclarecer si lo era o no lo era. Maligno o benigno, querríamos saber inmediatamente.


Mi madre deja caer las revelaciones más graves como sin darle importancia. Ella es perfectamente consciente de la gravedad de lo que está diciendo pero simula que no es para tanto. Resulta muy chocante y a veces he pensado que, lo que busca, es analizar tu reacción. Algo así como veamos si para ella es tan importante como para mí. Pero ahora estoy pensando que podría ser su forma de enfrentarse al miedo. Me pregunto si hemos hablado alguna vez de las cosas que realmente importan, de lo que a ella le preocupa o inquieta. De lo que nos pasa.
Me parece que lo damos por supuesto. Que hablamos en torno a los problemas pero sin abordarlos del todo. Que nos adivinamos lo que nos pasa pero sin atrevernos a decir ¿por qué no hablamos de ello? ¿qué podemos hacer para cambiar las cosas? . Tenemos mucha confianza pero nos comunicamos muy mal.
Siento que con mi padre es muy diferente. Me resulta mucho más fácil conversar con él. Su actitud es de escucha y está muy atento a todo lo que decimos y hacemos. Es mucho más moderado en sus comentarios. También es más callado.
No me gusta el tono de mi madre con mi padre. Cuando ella está mal, se dirige a él de malos modos, de forma irrespetuosa y hace comentarios dolorosos y despectivos, que afectan y alteran el buen ánimo de mi padre. Mi madre nos contagia a todos su malestar.
De un tiempo a esta parte, mi padre parece muy cansado y deprimido.


Fuera lo que fuera, algo quería obligarme a hacer cosas, no por una razón concreta sino por ver si tales actos eran posibles. Algo me estaba informando de que no hacían falta motivos. […]
Sólo hacía falta ceder. Qué extraño. […]
¿Por qué no probar lo peor? […]
En esa hamaca me pasaba casi todo el día a la bartola, y posiblemente esa fuera la razón de que por la noche no lograra conciliar el sueño. Y, como no hablaba de mis problemas nocturnos, a nadie se lo ocurrió darme el sencillo consejo de que me convenía tener un poco más de actividad durante el día. […]
Alguien estaba esperando allí y no pude hacer otra cosa que seguir adelante. Si daba media vuelta me pillarían, y sería peor que dar la cara. […]
No era otro que mi padre. También él sentado en la escalinata, mirando hacia el pueblo y su tenue e improbable resplandor. […]
Llevaba ropa de calle […]
Ahora que lo pienso, ¿por qué mi padre no llevaba el peto de trabajo? Iba vestido como si tuviera que ir al pueblo a hacer algún recado a primera hora de la mañana.
No pude seguir caminando, el ritmo se había roto completamente. […]
En ese momento supe que no era la primera noche que me oía levantarme y dar vueltas por ahí.




Todo lo que nuestros padres saben de nosotros y lo poco que nosotros sabemos de ellos. Con la madurez, si te paras a pensarlo, comienzas a comprender. Mientras vivimos con ellos, nos conocen muy bien.

Mencioné a mi hermana pequeña y dije que me daba miedo hacerle daño. Creí que con eso bastaría, que entendería a qué me refería.
-Estrangularla –dije de pronto. No pude contenerme, después de todo. […]
Así ya no podía desdecirme, no podría volver a ser la persona que había sido hasta entonces.
Mi padre lo había oído. Había oído que me creía capaz, sin ningún motivo, de estrangular a mi hermana pequeña mientras dormía. […]
Más bien parecía dar por hecho que semejante cosa no podía suceder. […]
Aun así, no me culpó por pensarlo. No le parecía nada del otro mundo, fue lo que me dijo. […]
Podría haber cuestionado mi actitud hacia mi hermana pequeña o mi descontento con la vida que llevaba. Si esto ocurriese hoy, me habría pedido una cita con un psiquiatra. [Creo que es lo que yo habría hecho por un hijo, una generación después, y con otros ingresos].
La verdad es que lo que hizo funcionó la mar de bien. Me puso, aunque sin burla ni alarma, en el mundo en que vivíamos.
A la gente se le ocurren ideas que preferirían no tener.  




Esta revelación fue completamente inesperada. Sentí rechazo al leerlo.
En mis peores crisis he pensado en suicidarme pero nunca, hasta ahora, en hacerle daño a alguien.
Recuerdo haber tenido pesadillas en las que me he peleado con mi madre y mi hermana. Ellas se burlaban de mí, o yo creía que se burlaban, y mi respuesta ha sido muy agresiva. Cuando me he despertado, me he sentido terriblemente culpable y he analizado por qué me he comportado así. Qué me estaba indicando el sueño. El resultado o la constatación de que cada vez me resulta más difícil llegar a ellas, encontrar la forma de que me escuchen y atiendan.
¿Por qué me hacen sentir ridícula, como si hablase en un idioma que ellas no entienden ni tienen el menor interés por aprender?
Al mismo tiempo, ellas deben sentir lo mismo que yo, que no me esfuerzo lo suficiente por comprenderlas y ponerme en su lugar. Qué impotencia.
Nunca he hablado con ellas sobre esto y creo que ése es el problema. No nos comprendemos y nos estamos alejando.
Una razón principal para no quitarse la vida, al menos para mí, es calcular el daño que podrías hacerle a tus padres.
Desde que soy madre de dos niñas existe otro freno igualmente poderoso.

Descubres que con tus hijos has cometido errores que no te molestaste en ver, además de los que viste perfectamente. Te pesa cierta humillación en el fondo, a veces te indignas contigo mismo. […]
No creo que mi padre sintiera nada parecido […]
El correctivo necesario para una cría respondona […]
“Te las dabas de lista”, sería su justificación del castigo.




Siempre nos justificamos aunque sepamos que hemos hecho mucho daño.
“Lo hice por tu bien, para corregirte”.

Tenía una cita en el banco, donde supo, sin sorprenderse, que no iban a prorrogarle el préstamo. Se había dejado la piel trabajando, pero el negocio no iba a remontar. O puede que averiguara que existía un nombre para los temblores de mi madre [con Parkinson desde los cuarenta], y que no iban a desaparecer.



hasta qué punto ignoramos la vida de nuestros padres. Con qué facilidad la juzgamos


Noche, Mi vida querida; Alice Munro
Traducción de Eugenia Vázquez-Nacarino


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