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martes, 26 de junio de 2012

Efecto Mariposa


En nuestro oficio, había dicho una vez Olvido la palabra arte siempre suena a mixtificación y a paños calientes. Mejor seamos amorales que inmorales. ¿No te parece?

Y fue así como el asombrado pintor de batallas, muy atento a cuanto escuchaba, se afirmó en la certeza de la red oculta que atrapaba al mundo y sus acontecimientos, donde nada de cuanto ocurría era inocente y sin consecuencias


He seguido dándole vueltas al cortometraje de Buñuel Las Hurdes, Tierra sin pan.
Las personas que aparecen en la película no son actores interpretando un papel. Tienen nombre y una vida real, de verdad.
Aunque el fin sea legítimo y encomiable:  consiguió escandalizar a los gobernantes e intelectuales de su tiempo y con ello obtuvo una repercusión que permitió difundir el mensaje social y de denuncia que tenía este documental producido por el intelectual anarquista Ramón Acín; no justifica los medios.
No se me escapa la diferencia entre el caso concreto y extremo de Ivo Markovic y el de los vecinos de Las Hurdes pero me ha parecido que están en la misma línea. En ambos casos se utiliza a seres humanos como medio para un fin.
Repito que no he visto la película pero he leído reseñas y críticas del documental en la red:
Son más que conocidas las simulaciones de la cabra abatida por un disparo, de la falsa dentadura de la niña, del burro embadurnado de miel, de los temblores palúdicos avivados por el aguardiente, de las niñas mojando unos mendrugos de pan en un sucio arroyo por miedo a que sus padres se los roben.
Algunas secuencias están escenificadas. Particularmente crueles son dos que involucran a una cabra y a un burro.
En un efecto casi sarcástico suena todo el tiempo la 4ª de Brahms, el romántico paisajista de la Alemania boscosa y abundante.
En el empeño de mostrar con bronca poesía desoladora lo oculto, una región apartada y terrible de lo real, su lado crudo y tenebroso, lleno de muerte y pesadilla, Buñuel no se apartó de la búsqueda surrealista tanto como podría parecer.
El surrealismo no es sólo una vaca saliendo por la puerta de una casa (aunque no falta).
A este respecto, la película hace referencia a problemas reales que asolaban la zona: La dificultad para conseguir pan, la ausencia en la ingesta de carne (paliada por alguna cabra despeñada o la matanza de algún cerdo), el paludismo o la disentería provocadas por la ingesta de agua contaminada y bayas verdes respectivamente, la abundancia de enfermos de bocio y cretinos (pobrísima ingesta de yodo), la promiscuidad exagerada y la muerte a edades tempranas. Problemas endémicos de una región con una situación geográfica particular y que se reproducían también en otras zonas. Con este material, es difícil creer que el director necesitase de más florituras para lanzar un grito de socorro a la zona.
Sin embargo, el autor no se dedica a denunciar con imágenes, sino que pone en tela de juicio la actitud de la población local, hecho que le granjeó una lógica enemistad y repulsa de ciudadanos e intelectuales de la talla de Gregorio Marañón. En el documental, los hurdenses son tratados como salvajes (los cretinos que se matan unos a otros), paletos (los habitantes que al intentar curarse una herida se la infectan), egoístas (los niños que encuentran pan y no lo comparten con los padres, no vaya a ser que se lo quiten), borrachos (los albercanos ebrios tras la fiesta del pueblo)...
Además, Buñuel utiliza metáforas de la muerte (calaveras, gallos, buitres) para potenciar unas imágenes ya de por sí desoladoras. Por no hablar de las conocidas escenas trucadas: La cabra despeñada que en realidad es abatida a tiros, el plano de la boca inflamada de una niña que en realidad es el de una anciana, el entierro de los cadáveres que es simulado, el niño muerto que no lo está, el hombre aquejado de paludismo acrecentado por la ingesta de aguardiente...
Y para terminar, un texto en el que se prevé la victoria del Frente Popular en las elecciones y se habla de la ayuda de los antifascistas para derrocar a Franco.
Como curiosidad, La Alberca formaba parte de Las Batuecas, región limítrofe a Las Hurdes y no parte de ella como en el film se sugiere.

La película le hará un flaco favor a la región. Tras la Guerra Civil, Franco creará un plan para la reforestación de la zona con grandes extensiones de pinares. Esto ayudará a paliar la hambruna y la emigración, pero destruirá la economía local basada en el pastoreo y la apicultura. Posteriores planes fracasarán, unido a grandes incendios que asolarán la zona. Hasta 1988 esto continuará así. La asociación local y el auge del agroturismo posterior contribuirán a mejorar las condiciones de la zona.

El reconocimiento

Su conocimiento de aquel rostro se basaba casi exclusivamente en la observación de la fotografía que había tomado un día de otoño en Vukovar, antigua Yugoslavia, cuando las tropas croatas, batidas por la artillería y las embarcaciones serbias que bombardeaban desde el Danubio, se mantenían a duras penas en el estrecho perímetro defensivo de la ciudad cercada. El combate era muy intenso en los suburbios, y en el camino de Petrovci, Faulques y Olvido Ferrara se cruzaron con los supervivientes de una unidad croata que se replegaba, derrotada, después de luchar con armas ligeras contra los blindados enemigos. Caminaban dispersos, al límite de sus fuerzas, vestidos con una variopinta mezcla de prendas militares y ropa civil. Eran campesinos, funcionarios, estudiantes movilizados para el recién formado ejército nacional croata: rostros cubiertos de sudor, bocas abiertas, ojos extraviados de fatiga, armas que colgaban de sus correas o eran arrastradas por el suelo.

La foto se publicó cuatro semanas después, coincidiendo con la caída de Vukovar y el exterminio de todos sus defensores, y aquella imagen se convirtió en un símbolo de la guerra. O, como concluyó el jurado profesional que la premió con el prestigioso Europa Focus de aquel año, en el símbolo de todos los soldados de todas las guerras.

Olvido no hizo ninguna foto –casi nunca fotografiaba personas, sino cosas-.

Antecedentes 

Supo entonces de una joven familia en un pequeño pueblo de la que en otro tiempo se llamaba Yugoslavia: marido mecánico agrícola, esposa dedicada a la casa y a cultivar el huerto familiar, hijo de poca edad. También supo, de nuevo, lo que ya sabía: que la política, la religión, los viejos odios, la estupidez unida a la incultura y a la infame condición humana, arrasaron aquel lugar con una guerra que enfrentó a parientes, amigos y vecinos. Masacrados por los nazis y sus aliados croatas durante la Segunda Guerra Mundial, esta vez los serbios tomaron la delantera, resumida en dos palabras: limpieza étnica. El de los Markovic era uno de los matrimonios mixtos fomentados por la política integradora del mariscal Tito; pero el viejo mariscal estaba muerto y las cosas habían cambiado. El marido era croata; la mujer, serbia. La partición los separó. Cuando bandas de milicianos chetniks empezaron a asesinar a sus vecinos, la esposa y el hijo tuvieron suerte: vivían en zona de mayoría serbia, y allí se quedaron mientras el marido, fugitivo, era enrolado en la milicia nacional croata.

Después de la publicación 

Después, entre paliza y paliza, un guardián lo reconoció. Era el de la foto famosa. El héroe de Vukovar. El rostro de los separatistas croatas. _Fue torturado durante seis meses. Como un animal. Luego, por alguna extraña razón, o casualidad, lo dejaron seguir vivo. Trasladado a un campo de prisioneros cercano a Banja Luka, pasó allí dos años y medio. Un día lo subieron a un camión, y cuando pensaba que lo iban a fusilar se vio en un puente sobre el Danubio y oyó decir: intercambio de prisioneros, camina, estás libre…

_Cuando aquel hombre fue puesto en libertad buscó el contacto con su mujer y su hijo. Tres años sin noticias, imagínese…Y bueno. Al poco, las tuvo. La foto famosa también había llegado al pueblo. Alguien consiguió un ejemplar de la revista. Siempre hay vecinos dispuestos a cooperar en esa clase de asuntos. Lo de siempre: envidia, ruindad. Lo previsible entre seres humanos.

_Una noche un grupo de chetniks se presentó en la casa donde vivían la mujer serbia y el hijo del croata…La violaron uno tras otro, cuanto quisieron. Como el niño, de cinco años, lloraba y forcejeaba defendiendo a su madre, lo clavaron con un bayonetazo en la puerta. Luego, cuando se cansaron de la mujer, le cortaron los pechos y la degollaron. Antes de irse pintaron en la pared una cruz serbia y las palabras: Ratas ustachas.

_Excuso decirle que, aunque la mujer estuvo gritando toda la noche, ni un solo vecino encendió una luz ni salió a la calle a ver qué pasaba.

La foto que no vendió…la imagen de Olvido boca abajo en el suelo, la correa de su cámara en torno al cuello, una mano inerte casi tocándose la cara, y la pequeña mancha roja, el hilillo oscuro que empezaba a deslizarse desde el oído por la mejilla hasta mezclarse con la otra mancha más grande y brillante que se extendía por debajo. Mina antipersonal, esquirlas de metralla. Una foto que Faulques no vendió nunca y cuya única copia había quemado, tiempo más tarde.


La utilización de imágenes violentas en las películas me produce repulsión. Fui incapaz de ver, por ejemplo, El viento que agita la cebada de Ken Loach. En la escena de la tortura decidí apagar el DVD. Las imágenes tan explícitas me estaban empezando a afectar seriamente. Lo mismo me ocurrió con la escena de la emasculación en Pa negre de Agustí Villaronga. Los segundos se hacen interminables y no lo soporto. 

Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio
 E. Kant

Territorio Fellini, Mundo Buñuel


Exterior e interior. Escaparate y conciencia.
Asperezas, sátira y melancolía; la belleza terrible y amarga de las imágenes; cómics americanos y cócteles; Little Nemo y Dry martini.

La Strada, la canción de la calle. 1954


Las miserias de una sociedad depauperada, resignada, miserable y desposeída siquiera de un mínimo de dignidad humana. Una nación golpeada por el infortunio y el desengaño que es fiel y noble a su maltratador hasta sus últimas consecuencias.
Posguerra italiana. Gelsomina di Constanzo es vendida a un forastero por tan sólo diez mil liras.
Gelsomina, de por sí tan extraña, tan próxima a los terrenos de la idiotez. O es que confundimos bondad con idiotez. Es curioso lo que hacemos con el lenguaje. A las buenas personas les llamamos tontos. ¿Por qué tiene tan mala prensa la bondad? ¿Por qué es tan sospechosa?
La segunda hija que se vende al mismo forastero. La anterior ha muerto en circunstancias oscuras, sin más explicaciones. Su madre no parece querer saber lo que ocurrió.
Zampanó tiene un acento extraño, distinto al de los italianos comunes. Zampanó es un tipo sin pasado, que consigue su sustento diario representando el papel de “hombre fuerte”, capaz de romper cadenas con sólo la expansión del pecho en su miserable circo ambulante. No parece nunca estar interesado en razonar sobre ningún tema y su sentido de la ética se basa sobre todo en la amoralidad. Es mujeriego y violento.
Presentación de “Il matto”. Es un saltimbanqui joven, equilibrista superdotado, y se le ve arrojando una risa muy peculiar en todo momento. Tiene además, una debilidad que será su perdición: no puede dejar de burlarse de Zampanó cada vez que lo ve, socavando con ello, si bien involuntariamente, la autoridad tradicional que suele pertenecer a quien se vale del poderío físico. Trata de que Gelsomina escape de su amo y busque su destino, por más ínfimo que parezca, y le da ánimos cuando ella decide permanecer con Zampanó confiando en que el amor lo hará cambiar tarde o temprano.
Huída. El Loco debe huir de Zampanó, quien daría lo que fuera por propinarle una buena paliza.
Encuentro casual. A pesar de su aire amistoso, en su rostro se refleja una sutil inquietud, pues sabe que por fin ha sido atrapado.
Exceso en el castigo. Se sorprende angustiosamente cuando se da cuenta de que lo ha matado. Entonces, hace parecer que la muerte de El Loco fue producto de un accidente: arroja el cadáver junto con el coche a la orilla de un riachuelo en medio de una inexplicable escena bucólica.
Ruptura de la inocencia. Gelsomina se deja arrastrar por la locura. Zampanó decide abandonarla a su suerte, olvidarse de ella.
El tiempo pasa. Zampanó ha envejecido y aún sigue ejerciendo su conocido número circense. No hay indicios de grandes cambios en su vida, salvo las canas y un visible fastidio; sin embargo, por casualidad se entera del destino final de Gelsomina.
Final de Gelsomina: Murió sola en la playa mientras tocaba con la trompeta aquella maravillosa sintonía de Nino Rota que “Il matto” le enseñara a tocar en una ocasión. Eso basta para desmoronarse al fin, basta para sacar, a lo mejor por vez primera, todo el cúmulo de emociones reprimidas, basta para dejarse invadir por el desamparo, para conseguir, acaso demasiado tarde, alguna esperanza de redención, todo eso mientras yace arrodillado en la arena de una playa desierta.
¿Qué tienen en común Gelsomina y Zampanó? ¿Por qué Gelsomina no lo abandona y él sí? Ambos son seres errantes, solitarios y desvalidos que tienen dificultad para encajar en el mundo. Lo que les diferencia es su manera de enfrentarse al mundo: él es resentido, orgulloso, presuntuoso, agresivo, irascible, pícaro y bravucón. Ella, mucho más joven, es tímida, buena, inocente, ingenua, generosa y pacífica, pese a que su vida está marcada por la violencia. Él es coraza y ella desnudez.

Las Hurdes. Tierra sin pan


Cortometraje documental que hace un retrato de Las Hurdes (Cáceres), una de las regiones más pobres y menos desarrolladas de la España de 1932. La insalubridad, la miseria y la falta de oportunidades provocan la emigración de los jóvenes y la soledad de quienes se quedan en esta desolada región extremeña. 
No la he visto, pero me he informado sobre ella.
Con esta película Buñuel da un giro a su obra, alejándose del surrealismo ortodoxo para acercarse a propuestas más sociales y al comunismo.
El surrealismo, que no en vano, era un movimiento de rebeldía contra la sociedad burguesa en todos sus aspectos y que tenía como arma principal el escándalo. Buena parte de estos objetivos se cumplen en esta cinta de Buñuel, pues consiguió escandalizar a los gobernantes e intelectuales de su tiempo y con ello obtuvo una repercusión que permitió difundir el mensaje social y de denuncia que tenía este documental.
En este documental se realiza un recorrido por la comarca y los habitantes de Las Hurdes. La película refleja la situación tercermundista en que se encontraban algunas zonas de España. Es polémica la legitimidad de la cinta como documental antropológico, pues Buñuel, además de rodar los habitantes y las costumbres de esta comarca extremeña, construyó en ocasiones (como muestran fotos fijas del rodaje que se conservan) escenas a la medida de sus necesidades. Puede observarse, en este sentido, que la cabra despeñada fue abatida por una escopeta cuyo humo se observa en la fotografía. Asimismo, el burro comido por las abejas, tiene las patas atadas, y coincide con uno de los motivos más obsesivos para el cineasta, el del carnuz, que ya aparecía en el ambiente de la Residencia de Estudiantes, y se puede documentar en varios cuadros de Dalí de esa época y en los burros podridos encima de los pianos de Un perro andaluz. Algunos documentalistas, como Pío Caro Baroja le han reprochado esta manipulación de la realidad y el daño ocasionado a los hurdanos, protagonistas de una exhibición truculenta. Empero, hay que pensar en si hay algún documental que no seleccione y manipule en mayor o menor medida la realidad objetiva en dirección a los fines perseguidos, que en este caso (no lo olvidemos) eran denunciar ante las autoridades una situación de atraso a la que había que poner remedio, en la línea de los valores comunistas a los que el grupo de André Bretón se había ido acercando en la década de los 30. Cabe preguntarse si hubiera sido tan efectivo como testimonio social de no haber procedido a exagerar unas carencias que, lejos de arremeter contra el pueblo hurdano, ponían en evidencia la dejadez institucional que las habían permitido.
 Carlos Saura la tuvo como punto de partida para su documental Cuenca, a raíz del cual declararía en 1958:
En el año 1932, cuando Luis Buñuel realizó Tierra sin pan, pudo nacer una genuina escuela del documental, entroncada con las raíces más profundas del temperamento hispánico. Solo se debía seguir el camino que Luis Buñuel nos dejó, pero nadie lo hizo.
Al estreno del filme, realizado en el Palacio de la Prensa de Madrid, acudió el doctor Gregorio Marañón, que se indignó por lo desagradable de la película, y protestó enérgicamente contra ella, opinión que recibió y compartió el Gobierno de la Segunda República, que decidió prohibirla por la mala imagen que ella podía ofrecer de España. En 1937 el filme se estrenó en Francia donde, también a los pocos días de su proyección, hubo de ser retirada a instancias del gobierno francés y de la prensa.
Es curioso observar que casi veinte años después ocurrió algo parecido con la película que retrataba los barrios más deprimidos de Ciudad de México, Los olvidados, cuyo estreno en México provocó reacciones violentísimas, y fue solicitada la expulsión de Buñuel por parte de la prensa, sindicatos y otras asociaciones. Permaneció solo cuatro días en cartel sin que faltaran intentos de agresión física contra el cineasta, solo que en esta ocasión, el premio conseguido en el Festival de Cannes, hizo que la película fuera avalada por el prestigio de este importante certamen, así como por la defensa que de ella hicieron algunos intelectuales mexicanos, entre los que destacó Octavio Paz.
Dos miradas diferentes pero complementarias y ambas interesantes.
No quisiera prescindir de ninguna. Pero si tuviera que elegir, prefiero sugerir a mostrar.
Supongo que por eso he visto casi todas las películas de Fellini y casi nada de Buñuel.
Prefiero la seducción del cuerpo que se adivina bajo la ropa a la desnudez, el claroscuro a la luminosidad, Velázquez a Goya.
Hay algo descarnado y obsceno en Buñuel. Me ocurre lo mismo al contemplar ciertos cuadros de Dalí. Hay cierta artificiosidad en ellos que asusta un poco, provocan miedo.
Puede ser también falta de honestidad, arrogancia, hipocresía, crudeza, cinismo. 

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