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martes, 31 de enero de 2017

Nadie escucha

¿Por qué el dolor de cada día se traduce en nuestros sueños tan constantemente en la escena repetida de la narración que se hace y nadie escucha? […]
Me contó su historia, que he olvidado hoy, pero era una historia dolorosa, cruel y conmovedora; porque así son todas nuestras historias, cientos de miles de historias, todas distintas y todas llenas de una trágica y desconcertante fatalidad. Nos las contamos por las noches, y han sucedido en Noruega, en Italia, en Argelia, en Ucrania, y son sencillas e incomprensibles como las historias de la Biblia. ¿Pero acaso no son también historias de una nueva Biblia? […]
Porque así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara. Es algo providencial y que nos permite vivir en el campo. Y también es ésta la razón por la cual con tanta frecuencia, en la vida en libertad, se oye decir que el hombre es insaciable: mientras, más que de una incapacidad humana para el estado de bienestar absoluto, se trata de un conocimiento siempre insuficiente de la naturaleza compleja del estado de desgracia, por lo cual a causas que son múltiples y ordenadas jerárquicamente se les da un solo nombre, el de la causa mayor; hasta que ésta llegue a desaparecer, y entonces uno se asombra dolorosamente al ver que detrás de una hay otra; y en realidad, muchas otras.Si esto es un hombre, Primo Levi

Sobre la necesidad de contar lo vivido para tratar de asimilarlo, de explicárselo a uno mismo. Dar testimonio porque es importante hacerlo antes de que los testigos directos desaparezcan.
Historias de una nueva Biblia, de un nuevo éxodo.  Holocausto era un antiguo sacrificio religioso. Adquiere el sentido de exterminar a un grupo social por motivos de religión, raza o políticos.
Sobre la capacidad humana para sobrellevar el dolor y la desgracia.





Decidí hablar con mi padre. No porque tuviéramos mucha confianza, desde luego. Mi padre era un hombre reservado, tan incapaz de mostrarles sus sentimientos a sus hijos como de aceptar los que ellos tenían hacia él. Durante muchos años sospeché que detrás de tanto hermetismo debía de haber un tesoro escondido. Pero con el tiempo empecé a preguntarme si de verdad había algo allí detrás. Quizá había tenido sentimientos en su niñez y su juventud, y a lo largo de los años, al no expresarlos, los había dejado agostarse y morir.Pero fue precisamente esa distancia lo que me hizo buscar el diálogo con él. No fui a hablar con mi padre, sino con el filósofo que había escrito libros sobre Kant y Hegel, autores que, por lo que yo sabía, habían reflexionado sobre asuntos morales. Creía que mi padre sería capaz de contemplar abstractamente el problema, en lugar de dejarse distraer, como mis amigos, por las deficiencias de mis ejemplos. […]Para empezar se remontó a conceptos como la persona, la libertad y la dignidad, y recalcó la idea del ser humano como sujeto al que nadie tiene derecho a convertir en objeto ¿No te acuerdas de cómo te enfadabas de pequeño cuando mamá, por tu bien, te obligaba a hacer algo que no querías? ¿tenía derecho a hacerlo, aunque fueras un niño? Es todo un problema. Un problema filosófico. Pero la filosofía no se preocupa de los niños. Los ha dejado en manos de la pedagogía, lo cual es un error. La filosofía se ha olvidado de los niños añadió con una sonrisa—, y no sólo de vez en cuando, como me pasaba a mí con vosotros, sino para siempre. […]
Pero en el caso de los adultos, desde luego, tengo muy claro que no hay justificación alguna para anteponer lo que un sujeto considera conveniente para otro a lo que éste considera conveniente para sí mismo. […]
No, tu problema no tiene ninguna solución agradable. Vamos a ver: esa persona que conoce un secreto y no sabe si debe revelarlo, ¿se limita a observar o tiene algún tipo de responsabilidad en el asunto, aunque sea involuntariamente? Si es así, esa persona debe actuar. Si sabe lo que le conviene al otro, y éste se niega a verlo, debe intentar abrirle los ojos. El otro siempre tendrá la última palabra, pero hay que hablar con él. Insisto, con él, no con otra persona a sus espaldas. […]
Hoy, cuando pienso en aquellos años, me doy cuenta de lo escasa que era la carga visual, de lo escasas que eran las imágenes que documentaban la vida y la muerte (o, mejor dicho, el asesinato) en los campos de exterminio. […] Conocíamos algunos relatos de prisioneros, pero muchos de ellos salieron a la luz poco después de acabada la guerra y no volvieron a ser publicados hasta los años ochenta, pues durante mucho tiempo no interesaron a las editoriales. […] teníamos la sensación de que la conmoción que había producido el mundo de los campos de exterminio no era compatible con la fantasía. […]Quería deshacerme de los tópicos con ayuda de la realidad.
El lector, Bernhard Schlink. Traducido por Joan Parra Contreras


Posguerra de la segunda guerra mundial. Alemania. Relación paterno-filial. Incapacidad para demostrar sentimientos, de abordar cuestiones concretas. Tratamiento de asuntos de carácter moral desde la abstracción. No se ofrece una explicación de lo ocurridoLos ejemplos que se ofrecen son inadecuados. Escasez de imágenes y testimonios relacionados con el holocausto hasta la década de los ochenta. La segunda generación se pregunta lo que no ha querido preguntarse la primera.


No porque los demás lo vean y lo sepan debe nuestra alma desempeñar su papel, sino para nosotros, interiormente, donde no lleguen otros ojos que los nuestros. Allí el alma nos resguarda del temor de la muerte, de los dolores y de la deshonra misma; allí nos procura la calma cuando perdemos nuestros hijos, nuestros amigos o nuestros bienes y cuando las circunstancias lo exigen nos conduce a los peligros de la guerra; non emolumento aliquo, sed ipsius honestatis decore [No por interés, sino por rendir homenaje a la virtud. CICERÓN, de Finibus, I, 10.]. Este provecho es mucho más grande y más digno de ser apetecido y esperado que el honor y la gloria, los cuales no son otra cosa que un juicio favorable que de nosotros se haceDe la gloria, Ensayos, Michel de Montaigne 


Sobre el papel de nuestra conciencia. La nobleza de espíritu nos procura serenidad en los momentos más difíciles. No actuamos por deber sino para procurarnos tranquilidad de conciencia.
Elegir la virtud es elegir el bien (elegir bien). Nuestra voluntad se inclina a lo bueno -no por interés, honor o gloria. Esta elección nos hace sentirnos satisfechos de nosotros mismos. Nos procura calma, paz de espíritu. Relaciono la nobleza de espíritu con la bondad. 

viernes, 15 de enero de 2016

Caballo indócil


Fragmentos seleccionados de Si esto es un hombre, Primo Levi
El lector, Bernhard Schlink. Traducido por Joan Parra Contreras
De la presunción, Ensayos, Michel de Montaigne 


He olvidado hoy, y lo siento, sus palabras directas y claras, las palabras del que fue el sargento Steinlauf del Ejército austro–húngaro, cruz de hierro en la guerra de 1914–1918. Lo siento porque tendré que traducir su italiano inseguro y su razonamiento sencillo de buen soldado a mi lenguaje de incrédulo. Pero éste era el sentido, que no he olvidado después ni olvidé entonces: que precisamente porque el Lager es una gran máquina para convertirnos en animales, nosotros no debemos convertirnos en animales; que aun en este sitio se puede sobrevivir, y por ello se debe querer sobrevivir, para contarlo, para dar testimonio; y que para vivir es importante esforzarse por salvar al menos el esqueleto, la armazón, la forma de la civilización. Que somos esclavos, sin ningún derecho, expuestos a cualquier ataque, abocados a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la última: la facultad de negar nuestro consentimiento. Debemos, por consiguiente, lavarnos la cara sin jabón, en el agua sucia, y secarnos con la chaqueta. Debemos dar betún a los zapatos no porque lo diga el reglamento sino por dignidad y por limpieza. Debemos andar derechos, sin arrastrar los zuecos, no ya en acatamiento de la disciplina prusiana sino para seguir vivos, para no empezar a morir.
Estas cosas me dijo Steinlauf, hombre de buena voluntad: cosas extrañas para mi oído desacostumbrado, entendidas y aceptadas sólo en parte, y mitigadas por una doctrina más fácil, dúctil y blanda, la que hace siglos que se respira más acá de los Alpes y según la cual, entre otras cosas, no hay vanidad mayor que esforzarse en tragarse enteros los sistemas morales elaborados por los demás, bajo otros cielos. No, la prudencia y la virtud de Steinlauf, ciertamente buenas para él, no me bastan. Frente a este complicado mundo inferior mis ideas están confusas: ¿será realmente necesario establecer un sistema y practicarlo? ¿No será más saludable tomar conciencia de no tener sistema? [...]

El Ka–Be [Krankenbau, la enfermería] es el Lager sin las incomodidades materiales. Por eso, al que todavía le queda un germen de conciencia, allí la recupera; porque durante las larguísimas jornadas ya vacías se habla de otra cosa que de hambre y de trabajo, y llegamos a reflexionar en qué hemos sido convertidos, cuánto nos han quitado, qué es esta vida. En este Ka–Be, paréntesis de relativa paz, hemos aprendido que nuestra personalidad es frágil, que está mucho más en peligro que nuestra vida; y que los sabios antiguos, en lugar de advertirnos «acordáos de que tenéis que morir» mejor habrían hecho en recordarnos este peligro mayor que nos amenaza. Si desde el interior del campo algún mensaje hubiese podido dirigirse a los hombres libres, habría sido éste: no hagáis nunca lo que nos están haciendo aquí.
Si esto es un hombre, Primo Levi


martes, 12 de enero de 2016

Respirar por la herida

No revelé nada que hubiera que mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia. Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. Desde fuera no se aprecia si uno está negando a alguien o simplemente pretende ser discreto o considerado o sólo intenta evitar situaciones delicadas o molestas. Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares.
El lector, Bernhard Schlink. Traducido por Joan Parra Contreras


Tan unidas marcharon nuestras almas, con cariño tan ardiente se amaron y con afección tan intensa se descubrieron hasta lo más hondo de las entrañas, que no sólo conocía yo su alma como la mía, sino que mejor hubiera fiado en él que en mí mismo. […]
En conclusión: son éstos efectos que no puede imaginar el que no los ha experimentado, y que me hacen honrar sobremanera la respuesta que dio a Ciro un soldado joven, a quien el monarca preguntó qué precio quería por un caballo con el cual había ganado el premio de la carrera, añadiendo si lo cambiaría por un reino: «No en verdad, señor; pero lo daría de buen grado por adquirir un amigo, si yo encontrara un hombre digno de tal alianza.» No decía mal «si yo encontrara», pues se tropieza fácilmente con hombres propios para mantener una amistad superficial; pero en la otra en que nada se reserva ni nada se exceptúa, en que se obra con abandono completo, hay necesidad de que todos los resortes sean perfectamente nítidos y seguros.
De la amistad, Ensayos, Michel de Montaigne



Esas palabras que Montaigne dedica a La Boëtie para distinguir la verdadera amistad (más justa y mejor compartida) podría yo atribuírselas sin temor a mi padre. 

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