Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Castilla del Pino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Castilla del Pino. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de diciembre de 2014

Hasta dónde se puede ir




Only those who will risk going too far can possibly find out how far one can go.

T. S. ELIOT, preface, Transit of Venus


Entrevista a Antonio Muñoz Molina por Mikel Labastida, [Las Provincias, 3 de diciembre de 2014]
Entrevista a Antonio Muñoz Molina por Javier López Iglesias [Hoy es arte.com, 5 de diciembre de 2014]
Fotógrafo de guardia, Antonio Muñoz Molina [El País, 4 de febrero de 2012]
Conocimiento prohibido, Antonio Muñoz Molina [El País, 9 de abril de 1997]
Un acto de valor, Antonio Muñoz Molina [El País, 16 de abril de 1997]
Veteranos de guerra, Antonio Muñoz Molina [El País, 18 de junio de 1998]
El uso moral de la memoria, Carlos Castilla del Pino [El País, 25 de julio de 2006]



'Cómo la sombra que se va' (Seix Barral) es un libro en el que se encuentran varios libros. Por un lado uno sobre James Earl Ray, el asesino de Luther King; otro sobre Lisboa, la ciudad a la que Muñoz Molina acude para buscar inspiración para la obra que lo consagró, 'El invierno en Lisboa'; y otro sobre el propio Muñoz Molina, que por primera vez se desnuda en una novela, con no poco pudor, tal y como explicó ayer en Valencia, en una charla sobre literatura, dudas y miedos.
-¿Ha inventado un género a caballo entre la ficción y la no ficción con 'Como la sombra que se va'?
-Eso ya estaba inventado, forma parte de la latitud, de la flexibilidad de la novela. La novela desde su origen ha tenido ese juego entre lo que parece realidad y fábula. Cuando se publicó 'Don Quijote de la Mancha' qué pensaría la gente. Nunca se había visto que una novela tratase de vidas iguales a las de la gente corriente. Esto es muy antiguo. Por ejemplo 'Moby-Dick' se presenta como una novela de aventuras y luego se convierte en otras cosas.
-Pensaba que el juego entre realidad y fábula era una manera de sentirse cómodo para desnudarse como lo hace en este libro.
-Algo de razón tiene. Yo no habría sido capaz de escribir un libro con esas cosas estrictamente personales. Me costó encontrar la forma, fue viniendo sobre la marcha. Es un libro hecho con mucha inseguridad, sin saber hasta dónde llegar. Había un capítulo que dejé fuera, tenía dudas, se lo enseñé a mi mujer para que me dijese si creía que debía incluirlo. Ella me animó a hacerlo.
-Elvira Lindo ya mostró destreza para hablar con naturalidad de su propia vida en 'Lugares que no quiero compartir con nadie', donde usted también aparece.
-Ese libro es extraordinario, está construido sobre la pura narración, no tiene un género concreto. Es de una franqueza absoluta, empieza directamente confesando que va al psiquiatra, y eso es muy valiente. Ese libro ha tenido efecto sobre mí. Y también que Elvira fuese leyendo fragmentos y me aconsejase «aquí tienes que poner más carne, esto no puede ser todo literatura». Los dos nos hemos beneficiado de la naturalidad con que en Estados Unidos se escribe de la vida personal.


Personalmente creo que hay una -cada vez más notable- influencia mutua. Hay una enorme evolución desde Algo más inesperado que la muerte [2002] hasta Lugares que no quiero compartir con nadie [2011]. Ese mismo crecimiento profesional [desde un punto de vista literario] también se advierte en sus guiones: desde La primera noche de mi vida [1998] y El cielo abierto [2000] a La vida inesperada [2014]. Ha ganado en naturalidad, en verosimilitud, en profundidad sobre el tema que trata, en maestría en la manera de contarlo, en capacidad para emocionar y crear empatía. Recibes la sensación de autenticidad porque escribe sobre lo que sabe y de una manera muy honesta, me imagino que tal como ella es. Me parece que escribir uno como es [mostrarse] no debe ser fácil porque hay quién se lleva toda la vida alimentando un personaje, buscándose en los demás, buscando el tono, buscando el estilo, buscando sorprender, buscando vender, buscando seducir o convencer…y no se encuentra. No alcanza una voz propia que abarque tanto como ella.

-Los americanos son muy de catarsis, del psicoanálisis público...
-Allí hay como una tradición en la cual las personas cuentan experiencias de su propia vida, con naturalidad, con normalidad, sin morbo.
-Confiesan sus miserias sin disfraces. Aquí las adornamos más.
-Yo al fin y al cabo tengo una mala vida muy limitada, porque mi capacidad para la mala vida es muy limitada. Esa capacidad para contar lo que uno ha vivido me parece un tesoro enorme y yo lo disfruto mucho como lector. Es importante aprender de la experiencia de otros. El aprendizaje más importante de la vida es saber vivir conforme tú eres, aprender a aplicar en tu vida cotidiana lo que defiendes en abstracto, dedicar tu sensibilidad no sólo a emocionarte con 'Madame Butterfly' sino a fijarte en las personas cercanas. Esto lo he analizado poco a poco. Hay un momento en la novela en que cuento algo que me dijo mi primera mujer: «tanta sensibilidad que tienes para la literatura y no tienes ninguna para la vida real».

Igual deberíamos revisar el dicho: Nadie escarmienta en cabeza ajena. Pensaba que la experiencia de otro no era suficiente para desengañarnos. Y ese fenómeno de la filantropía telescópica es más frecuente de lo que parece. Y no digamos en lo que se refiere a la coherencia. Triunfa por doquier: haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Parece que no nos demos cuenta de que lo importante es dar ejemplo.
Cuando reviso lo que he escrito percibo un tono moralizante que no me gusta.

-Eso es duro. No es lo único. Usted no sale bien parado con descripciones como «vivía angustiado por inseguridades sexuales propias de los 15, por un apocamiento físico de antiguo niño gordo». ¿Era muy exigente consigo mismo?
-Entonces no. Lo era con los demás, algo propio de las adolescencias tardías. Yo era víctima de conspiraciones, los demás no me comprendían... En realidad lo que yo hacía era no enfrentarme a la realidad y me refugiaba en la literatura o en beber.


Me acuerdo de la carta de Chéjov a su hermano Nikolai. No querer asumir responsabilidades y buscar culpables de nuestras frustraciones.

-Ya no le sonará embarazoso que le llamen escritor, como entonces.
-Eres escritor porque lo dicen los demás. A mí lo que me gusta es escribir, sí, y supongo que eso me convierte en escritor, pero me da pudor. Es como cuando la gente dice que es poeta. Eso, ¿cómo lo sabes? ¿eres siempre poeta?


Esto sí que es una novedad. Pensaba que era solo Elvira Lindo la que tenía dificultades para reconocerse como escritora y que incluso ocultaba a los demás que había escrito desde siempre. Escribir desde la incertidumbre. 

-Esta es una novela donde se habla mucho del oficio del escritor.
-Sí, de cómo se hace la literatura, de la parte que tiene de azar, de capricho. Me apasionan los caminos por los que llega a existir un libro. Hay algo en todos nosotros que nos conduce a construir historias de ficción, incluso dormidos seguimos inventando historias.
-¿Ha reflexionado sobre qué es lo mejor y lo peor de saber construir historias?
-Es algo que no puedo evitar así que lo reflexiono poco. El único peligro que le veo es perderte demasiado en abstracciones, prestar poca atención a la realidad.
-¿Eso es malo? Teniendo la realidad que tenemos...
-Mucho. Recuerda esa frase que dice que la ficción se basa en la suspensión temporal de la incredulidad. Cuando se cree empieza el problema, es el problema de las víctimas de las ideologías o de las religiones.


Cuando confundes lo que está escrito con la realidad, lo que le ocurre a Don Quijote.

-¿Es mejor vivir en la incredulidad?
-Claro, hay que vivir en la incredulidad ilustrada. Tenemos el impulso humano de creer pero hay que controlarlo.
-¿A usted le duele España como a Unamuno?
-Eso es retórica. Hay cosas que me preocupan, me indignan, pero soy poco partidario de la palabrería.
Entrevista a Antonio Muñoz Molina por Mikel Labastida, [Las Provincias, 3 de diciembre de 2014]


Chrome - Handwriting/>Chrome - Handwriting